Microrrelatos enviados

Sin palabras

El nombre en clave de la operación era Zeus, repetía. Las sacudidas golpeaban su cuerpo contra la camilla. La espuma que salía de su boca se mezclaba con sus palabras codificando el mensaje. Abrió los ojos y los focos se clavaron en sus pupilas. Las imágenes se proyectaban como un flash: coche, túnel, todos muertos; después, policías, túnel, coche. Pensó que quizá era agente. Pensó que quizá era uno de esos muertos. También pensó que igual participó en esa redada. Hacía frío. Los recuerdos se mezclaban. Ahora eran de alguien querido: una mujer y una niña. Paseaban juntos por un parque y de pronto las observa a través del arma. Yacen en la hierba cubiertas de sangre. No puede ser real, piensa. En realidad está pensando todo porque la espuma de su boca ya no le permite hablar; pero sus ojos ven como se acerca un policía de verdad. Ahora siente las esposas en sus muñecas.

Rebelión

El nombre en clave de la operación era “Zeus”
Con los primeros rayos de sol, los ejércitos de los reflejos comenzaron a tomar posiciones. Poco a poco, sigilosos, se fueron emboscando entre los cristales y allí esperaron pacientemente.
Lo que era cotidiano en el mundo real, no tenía por que serlo en este mundo clonado.
Demasiado tiempo juntos viviendo diferentes realidades había acabado en motín.
Los reflejos sabían que las sombras, eran tan numerosas como ellos, por lo que decidieron esperar al atardecer, momento en el que estas eran mas débiles. innato en ellas, les seguirían hasta los laberintos de espejos, donde una vez cautivas, se despojarían de ellas de una vez por siempre y para siempre. Pero el plan no era perfecto, esa noche no hubo luna y todo desapareció en un instante. Solo espejos y cristales quedaron atrapados en la negrura.

Condena

El nombre en clave de la operación era Zeus. Javier vigilaba la calle vacía. La oscuridad de la habitación le confería esa sensación de no existir y a la vez de ser la única persona en Madrid en aquel momento. De pie, apoyado en el marco de la ventana del tercer piso de la calle Gaztambide. El momento se acercaba y tendría que decidir. Toda su vida se había preguntado si era un hombre bueno. Hubo un tiempo en que las respuestas eran simples no-lo-sés, pero los acontecimientos de las últimas semanas disipaban ahora esa duda. Entonces oyó los pasos sobre la acera. Después lo vio acercarse. Javier apretó ligeramente el mentón, cerró los ojos y respiro profundamente. Luego levantó el brazo, extendido, señalando con su calibre 38 la espalda de Luis, que ya se alejaba. Sabía que echaría de menos aquellas dudas.

Mal día

llamado Júpiter o Urano y no habría cambiado nada: estaban jodidos.
Habían planeado el secuestro desde hace semanas, estudiado cada paso más de cien veces y ensayado lo que iban a hacer una y otra vez, pero les fue imposible saber que, precisamente, ¡precisamente!, el día en que iban a dar el golpe las fuerzas armadas comenzarían un ataque contra los civiles que, exigiendo el respeto de sus derechos, se habían acuartelado en la plaza hace meses.
La operación debía esperar, quizás para siempre. Sólo les quedaba rezar para que su objetivo saliera vivo de aquella matanza, sólo les quedaba rezar para que todos salieran vivos de ella.

Primera plana

El nombre en clave de la operación era Zeus, aunque nunca salió a la luz. A la CIA no le gusta airear sus vergüenzas en público, ¿sabe? Bueno, quizá sea mejor que no anote esto último. El caso es que el operativo estaba montado en modo “tela de araña”; teníamos agentes dispuestos en cada salida de emergencia y el plan era llevar a los terroristas hasta allí con el señuelo de una falsa redada, capturarlos y hacerles cantar dónde habían colocado los explosivos. Pero descubrimos demasiado tarde que la información que habíamos interceptado era una artimaña. Y que probablemente venía de dentro. Por eso me despidieron esos hijos de puta.
Ah, y tampoco incluya eso.
Mire, esta es mi hija Amy, ¿a que es preciosa? Pues el artículo nos ayudará a pagarle la universidad. Doy gracias a dios por haber podido verla crecer. Cuando empezó todo, yo esperaba instrucciones varios pisos por debajo de donde impactó el primer avión.

Más cerca

El nombre en clave de la operación era Zeus. No puede quedar ninguno, le dijeron. Hay que acabar con esos putos disidentes. El pensamiento único está cerca, la Europa que siempre quisimos; ahí, al alcance de la mano.
Mahler de fondo.
Una botella de ginebra barata navegando en un océano rojo y él… él en medio de una habitación que conoce bien, que ya ha dejado de conocer.
Ninguno.
Ninguno le dijeron.
Y ahora esas palabras deambulan por su cabeza. Se pasean de aquí a allá. Sin control, a su antojo.
Lo ascenderán, lo sabe.
Pero por un momento se ha sentido pesado, cansado tal vez.
«Putos cabrones. Decían que no me sudarían las manos, que no me sudarían…», repite una y otra vez balanceando su robusto cuerpo.
Rojo.
Rojo en su pelo. Rojo en su camisa. Rojo en el suelo.
Rojo impregnándolo todo… pero sobre todo a ella…
Ella, su niñita.
Hasta ayer.
Hoy, una puta disidente.

 

TREN DE LAVADO HACIA EL AVERNO

El nombre en clave de la operación era Zeus. Ulises Anderson, el investigador jefe, con métodos persuasivos y, a veces, poco ortodoxos, situó un espía, sin permiso del juez Hades Cerberus, tras los visillos del ventanal de la cafetería Poseidón, justo enfrente de la posada Partenón, donde apareció el cadáver disecado del profesor Aquiles Talión; y otro ante la habitación número trece, donde Proserpina, la vigilanta nocturna, declaraba oir gemidos sospechosos. En esa habitación se alojaban extraños habitantes procedentes de Taranto, famosos por la producción de películas sangrientas. Los alguaciles ampliaron sus pesquisas por todo el edificio, llegando hasta la manzana siguiente donde pudieron comprobar que el taxidermista oficial, Hércules Chang, realizaba un máster a orillas del Mar Muerto, demostrando una coartada perfecta.
El informe final de Ulises lo dejó claro: “La autopsia ha revelado que el profesor de lenguas muertas se tragó su propia lengua. El disecado se produjo de forma natural en el autolavado de la esquina”.

Conexión

El nombre en clave de la operación era Zeus, señor. Nos lo han revelado después de unas horas de interrogatorio. Ninguno admite haber participado en ella, sin embargo. Dicen que el perro ya se encontraba allí cuando llegaron. Y que desconocían que “los demás” le hubieran atado nada al lomo. Al parecer, las tiendas de su propiedad les gustan mucho. Ellos nunca harían algo así. Uno, el bajito, ha confesado que se les ocurrió a sus amigos debido a la raza del perro, pero que no pensó que fueran a llevar el plan a cabo. Dice que creyeron que el Fábrica Asia de las etiquetas era una marca. Pensaron en moda explosiva, youtubers e influencers. Y el resto vino por sí solo.

El Olimpo

El nombre en clave de la operación era Zeus, se le había ocurrido al inspector mientras registraban la casa de aquel tarado. El musculoso brazo que habían encontrado en la mesa era digno de pertenecer al mismísimo Hércules, la hermosa cabeza de mujer de la nevera bien podía ser Afrodita, los pies de la bañera le recordaron a Hermes, la sangre que corría por el suelo parecía vino derramado de una copa de Baco y como coronando aquel Olimpo de sadismo y perversión, el imponente tronco de Zeus que colgaba del techo.

Armonía

El nombre en clave de la operación era Zeus. Incluía tinte de pestañas, alisado de cabello, manicura y pedicura y un tratamiento facial. Era caro, pero merecía la pena. Estaba casi irreconocible. La peluquera le había dado charla durante todo el peinado y ahora se encontraba relajada, de buen humor. El día, además, acompañaba. Un cielo despejado, la ligera brisa, el olor a mar. Todo ello hacía que su ánimo mejorara. Al llegar a casa ni siquiera recordaba ya el trabajo. Incluso Europa parecía menos asustada. El toro, menos embrutecido. Y los ocres y verdes, fragantes. Lástima de las pequeñas salpicaduras de la esquina: tendría que limpiarlas. Entre la gama de grises y azules, el rojo se veía discordante.

Encierro fallido

El nombre en clave de la operación era Zeus, debido a la afición por la mitología de Matheus, el jefe del grupo.
El encuentro sería el 7 de julio en la calle Estafeta.
En medio del bullicio “sanferminero”, y apostado tras las vallas de protección, con grandes gafas negras, pantalón y camisa blancos, banda roja ciñendo su oronda cintura, esperaría el momento justo para secuestrar a Європа, la joven ucraniana de nombre impronunciable.
A la señal del jefe, experimentados corredores contratados para ejecutar esta operación, la capturarían y llevarían a una furgoneta aparcada cerca.
Matheus se situó junto a la joven, en la curva del recorrido. Allí mismo el toro “Mensajero” resbaló, rezagándose del resto. El impacto sobre la valla, hizo caer a Matheus a los pies del morlaco, siendo pisoteado como un trapo sucio, quedando la operación desvanecida ante los ojos atónitos de sus esbirros.
Європа salió corriendo LIBRE, presurosa, ajena a la trama que urdían contra ella.

EL TUTOR Y EL CASO DEL ZEUS INVERTIDO

El nombre en clave de la operación era Zeus. Su ejecutor, ¿un invertido?
El mensaje del secuestrador, trazado con pintalabios sobre el espejo del baño de la muchacha desaparecida, era sucinto:
Operación Zeus.
Invertido.
Su desafío telefónico posterior no arrojó mayor certidumbre: lo tienen ahí, descifren el acertijo, 24 horas –nos había retado.
–¿Por qué diablos habrá dibujado junto al mensaje esas dos líneas paralelas y ese triángulo? –se interrogó el inspector que me tutorizaba, mirando el espejo, antes de ponerme a prueba–. Poli en prácticas, ¿verdad? Gánate el puesto. Interprétalo. Tienes dos horas.
Indagué: Zeus, mitología, invertidos… y hasta pintalabios. Nada. En absoluto.
Concluían las dos horas de plazo cuando el inspector irrumpió y me apremió:
–Eureka. Déjalo. Nos vamos a Egipto. Las líneas paralelas representan un canal, el triángulo, una pirámide, y lo que hay que invertir es el nombre de la operación, no la inclinación sexual del secuestrador. Canal de Suez.
Y allí estaba. Caso resuelto.

Su Europa

El nombre en clave de la operación era Zeus. Se le ocurrió una tarde de tormenta, mirando por la ventana. Llovía a cántaros, y fue entonces cuando se le vino a la mente la imagen del dios griego del rayo. Les mandó enseguida un mensaje a todos que decía: “la operación se llamará Zeus”.
Nadie le pregunto el porqué. Tampoco lo hicieron cuando él añadió: “vamos, raptemos a nuestra Europa”. No estoy segura de que ninguno de ellos supiera nada sobre mitología. Yo sí. Por eso amaba esa sutil inteligencia, esos hermosos juegos de palabras.
Pero él siempre se empeñaba en dejarme al margen de todo. Intentaba ocultarme lo que hacía, respondía a mis preguntas con múltiples evasivas. Suponía que era estúpida, que no me enteraría de nada.
Y estaba en lo cierto, no me enteré. Solo cuando me descubrí encerrada en aquella habitación oscura, con las manos impedidas, comprendí que quizás, solo quizás, yo fuera “su Europa”.

Pequeños sacrificios

El nombre en clave de la operación era Zeus.
─La lista de la semana señor.
─Jodidos mamones ─dice─. Hay que ser contundentes. Llegados a este punto tanta mierda de discrepancia ya sabemos dónde conduce…
Repasa los nombres. Mera curiosidad.
Esta vez sus ojos se concentran en el papel unos segundos… traga saliva, mira la escuálida luz que pende del techo y sigue trabajando.
A las dos en punto se levanta de su mesa, coge el autobús veintitrés y va a casa.
Hoy hay guiso de espárragos. Lo come con gusto. No tiene mucho tiempo. Debe volver a la oficina.
Su mujer le espera en la puerta. Como siempre. Y como siempre la besa en la mejilla. Pero esta vez no, él no pregunta por Ana, su hija.
Cuando ya casi ha salido, se detiene un instante, gira su cabeza y dice:
─Está en la lista.
Ella palidece. No dice nada.
Él ya se ha ido.

El secuestro

El nombre en clave de la operación era Zeus.
Todos estábamos preparados para actuar, sentados ante una mesa, papel y bolígrafo en mano, esperando la consigna.
Por fin se escuchó el ansiado nombre del dios griego y empezó la cuenta atrás. Solo era un concurso. Teníamos apenas 150 palabras para describir el secuestro de Europa, sin tiempo límite, hasta la primera entrega.
Comenzaron los nervios, la angustia, la histeria. No conseguíamos componer un relato.
Ante mí, un muchacho joven no paraba de escribir sin levantar la cabeza. Intrigada, le observé, todos le miramos. Solo él escribía mientras los demás, confusos, hipnotizados, habíamos perdido la inspiración.
Por fin terminó y levantó los ojos enrojecidos. Y en esos ojos vimos reflejadas todas nuestras palabras no escritas, nuestras frases, nuestras ideas. Todo estaba allí, en un solo relato plasmado en su papel, escrito con su pluma, secuestrando y utilizando nuestro talento.
Lo firmaba Houdini.

Sinmigo

El nombre en clave de la operación era Zeus. Una elección que no preveía demasiada tranquilidad para culminar con éxito la misión. Había una noche de cielo cerrado. Contada mentalmente la distancia entre los relámpagos y los truenos era de apenas veinte segundos. Cada vez estaba más cerca la tormenta. Apenas podía respirar, aunque entre bocanada de aire y ahogo, el olor que inhalaba era nauseabundo. Sentía mis órganos en descomposición. Notaba con cierta perplejidad cómo se me entumecían los músculos perdiendo fuerza por momentos. Deseaba, no sin cierto desasosiego, la calma que venía después de la tempestad. Ahora tres segundos distanciaban los relámpagos de los truenos. La cuerda, en forma de lazo, colgaba de las vigas vistas del techo. Disponía la mirada a través de la ventana mientras empezaba a chispear. Cuando el enfermero entró en el cuarto intentó calmar mi delirio nihilista abortando la sensación de estar muerta.

Un juego

El nombre en clave de la operación era Zeus. Los niños no dejaban de repetirlo tirados en la arena. El grupo que esperaba parapetado tras un montículo de rocas, al acecho del enemigo, se reía. Los combatientes caídos miraban al cielo y apuntaban con un dedo. La mayoría no tenía edad suficiente para tener todos los dientes en la boca, así que de estrategias tácticas no sabían mucho. Se limitaban a salir de su escondite y, entre “pums” y “bums” cargar contra sus amigos. Daba igual el final de la batalla, siempre era el mismo: tumbados de espaldas y cara al cielo, señalaban los cazas y gritaban Zeus. El nombre era suyo; el resto lo habían aprendido de los adultos.

Detalles de familia

El nombre en clave de la operación era Zeus. Normalmente no me gustaba que me visitara mi hermano. Era desconsiderado, dejaba a su paso un olor fétido y, en el coche, se arremangaba los pantalones y se quitaba los zapatos. En espacios cerrados siempre era peor, no dejaba de quejarse, como de niños: hace calor, el aire no funciona, la sed es horrible, blablablá. Le daba igual que fuéramos de entierro. Le dije dónde había una botella de agua con Coca-Cola que nuestro padre había olvidado en el asiento trasero, para que me dejara en paz. Sabía fatal y estaba caliente, claro. Sólo le cambió el humor al botar la rueda del coche con una piedra a la entrada del cementerio y derramarse la bebida. Le hizo gracia al mirar la etiqueta que se le hubiera “meado” encima un tipo con un tenedor en la mano.

Final sin victoria

El nombre en clave de la operación era Zeus, tenía que convertirme en cliente del club, ganarme la confianza de alguna chica nueva y descubrir quién y cómo las introducía ilegalmente en el país. Después de cinco meses visitando el puticlub, entre polvo y polvo Victoria me fue revelando la información que necesitaba. Cuando todo estaba organizado para actuar, mi superior me avisó que el operativo se cancelaba.
– "Viene de arriba" dijo seriamente.
Me pasé esa misma noche por el local, sabía que quería ver a Victoria pero no qué iba a decirla.
– "No la esperes"- me dijo Julia, la camarera, mientras me servía el cubata. -"Se la ha llevado un tío mayor, trajeado, con mirada de poli."
– "Qué sabrás tú cómo es la mirada de un poli"- dije después de dar el primer trago a la copa.
Ella apoyó los codos en la barra, se inclinó para acercarse a mí y me susurró
– "Es igual que la tuya".

LA MUERTE VISTE DE EUROPA

El nombre en clave de la operación era Zeus. Entre tinieblas escuchaba en mi mente la voz del hombre de gris: Secuestrarla y eliminarla.
Y yo la dejé ir.
El agujero que tenía en el pecho me recordó que dos tipos, enviados por el hombre de gris, me habían disparado. Sus cadáveres estaban cerca, esperando para llevarme con ellos al mismísimo infierno.
Un sonido de tacones llegó a mí. ¿Era ella o la muerte jugaba conmigo acariciándome la cara?
Abrí los ojos. Había vuelto.
-Aún no sé porque no te maté- Dije tosiendo.
– Calla- Susurró.
Me tomó en sus brazos meciéndome y empezó a cantar suavemente una extraña canción de despedida. La oscuridad llegó danzando.
Soñé que la muerte, tomándome la mano, iba vestida de blanco, lazo azul y zapatos negros de la marca Europa. Toc Toc, sonaban, Toc Toc
– ¿Me quieres? Dije temblando.
Toc toc, sonaban, Toc
Soñé que me besaba y la muerte sonrió.

DANSEZ-VOUS, MADAME

El nombre en clave de la operación era Zeus. No cumplí con el encargo del hombrecillo de gris: Secuestrarla y eliminarla.
Hacía unas tres horas que la había dejado ir. Posiblemente ya estaría en el tren.
Fumé mi último cigarrillo esperando. Vendrían a por mí.
Un estruendo acompañó la caída de la puerta dejando pasar a un enorme mastodonte que de una patada la destrozó. Tuve que hacer tres disparos. Cayó con una expresión de sorpresa en la cara. Tras él alguien más disparaba, obligando a aplanarme como una alfombra plagada de miedos. Entró atropelladamente. Le volé una rodilla. Al acercarme gritó con lágrimas en los ojos:
– ¡Maldito seas, te ha engañado! Se acuesta con todos.
Después del fogonazo, silencio.
Me senté en el suelo. Una bala me había perforado el pecho. Reí entre toses. Tendría que dejar de fumar.
Entre tinieblas oí unos tacones acercándose. ¿Sueña la muerte con zapatos caros de la marca Europa?

Castigo

El nombre en clave de la operación era Zeus aunque hubiese sido mejor llamarla Hera o cualquier otra diosa puesto que se trataba de la captura de un traficante de mujeres que se les escapaba continuamente con su espléndida tapadera de importador de frutas tropicales.
Las muchachas eran captadas en países en vías de desarrollo; el gancho, un trabajo como modelo en catálogos de moda femenina en la Europa rica. Y caían como moscas; jóvenes, bonitas y con poca cabeza, se apuntaban al supuesto casting y no sospechaban de los tocamientos de que eran objeto al fotografiarlas.
Zeus tenía un espléndido book de muchachas y lo ofrecía en fiestas y saraos a clientes muy especiales y sobre todo muy discretos ya que sus gustos eran un tanto particulares.
Pero Zeus descendió a los infiernos el dia que la policía le llevó a identificar el cadáver de su hija adolescente captada por su competidor en el negocio carnal.

Cuando yo sea la víctima

El nombre en clave de la operación era Zeus, pero no lo sugerí yo. Bastante tenía con buscar a alguien que me secuestrase, que me amordazase con cinta americana, me encadenase como a un perro y me cortase en tiras muy finas si nadie pagaba mi rescate.
«Llámame Zeus si quieres -me dijo, diría o dirá-, pero deja de redactar los informes de los casos antes de que haya casos y de poner nombres en clave a tus fantasías». Le daba igual que estuviese dispuesto a entregarle todos mis ahorros a cambio de un sentimiento de culpa. No me incriminaría en ningún asunto turbio porque él era el mismísimo Zeus y no estaba dispuesto a inmiscuirse allí donde nada se resuelve. Tampoco quiso -querría o querrá- liberarme de la agobiante sensación en la que vivo, secuestrado de por vida, con este pánico a salir a la calle y sentirme atravesado por cientos de balas y restos de metralla.

Presa de su historia

El nombre en clave de la operación era Zeus. O al menos, ese es el nombre que escuchó mi ayudante Angelo. Todos tienen teorías acerca de cómo hemos llegado hasta este escenario, pero nadie presenta una solución. Yo tengo mis conjeturas, creo que la víctima se ha dejado llevar por los vientos alisios. Estos demasiados húmedos calmaron la constante sequedad. Una vez pasado los beneficios transitorios, los efectos adversos comenzaron a surgir. La víctima ha sido presa de su propia vanidad. Angelo me lo discute.
– Esto sigue las reglas al pie de la letra de un complot – me contradice mi ayudante.
– ¿Un complot de quién? ¿Y por qué? – preguntó, pues no lo veo claro.
– No sé, tal vez de la gente del Este. Esos pueblos nunca la vieron con buenos ojos.
– ¿Por qué iban a hacer una cosa así?
– Porque representaba un bonito ejemplo.

El síndrome de body packer

El nombre en clave de la operación era Zeus, pero tendría que haberse llamado Rocky el manchado. Lo pillamos en el control del aeropuerto después de meses investigando. Viajaba de Barcelona a Ibiza a diario. Iba de pastillas hasta las tripas. Sus jefes en cada viaje lo mandaban con una escolta distinta para despistar la perdiz, pero gracias a una compañera que se enamoró a primera vista de él pudimos desarticular al grupo organizado. Y aunque cada vez que se veían se miraban con deseo, los tirones los volvían a cada uno a su sitio. Pero un día en pleno control Rocky cayó desplomado, convulsionaba, los ojos ni se le movían y por la boca echaba espuma como un rabioso. Y al ver que la mujer que sujetaba la correa se echó a correr, mi compañera, salió a perseguirla y solo dejó de ladrar cuando mordió su tobillo.

Apariencias

El nombre en clave de la operación se llamaba Zeus, irónico. Desde el ahora que dan los años transcurridos puedo entenderlo, pero aquello fue el ayer.
Solo pretendíamos vigilar al Sr. Palmero, tutor de las clases de 2º de la ESO y gran Chivato. A la mínima infracción llamaba a los padres para estudiar nuestros problemas "de adaptación a las normas establecidas por la autoridad docente". Fue haciéndose con su confianza, le abrían nuestras casas, le invitaban a barbacoas, a reuniones de vecinos, ¡a nuestros cumpleaños! Cuando lo denunciamos, por más que alegó a "su honor y moralidad", nadie le creyó.
Fue una triste victoria. Le detuvieron, los padres pedían responsabilidades sin reconocer la culpabilidad de su ceguera. Pero no pudimos alegrarnos, llegamos tarde. Luisa, una chica callada y tímida se quitó la vida, sin una nota a sus padres, ni una despedida.
Solo nosotros supimos por qué. En uno de los últimos carretes revelados se le veía salir de su casa y en las sombras de la entrada, Laura en ropa interior miraba la puerta cerrarse.

Tierra de Campos

El nombre en clave de la operación era Zeus. Mientras esperaba pacientemente su llegada, sentado en el último banco de la iglesia románica más recóndita de Castilla, me imaginaba como sería. Seguramente el típico cacique local que tantas veces me había echado a la cara.
Pensé que en cuanto se presentara le intimidaría con mis trucos habituales, él se ciscaría de miedo y podría estar en casa para la hora de cenar. Últimamente Adelita estaba un poco rara y quería darle la sorpresa.
Pero esta vez todo había de ser diferente.
De repente la vieja y pesada puerta de madera se abrió, y dejó entrever a un hombre menudo, de avanzada edad y con gesto serio. Curioso nombre Zeus, pensé, para tratarse de un humilde sacerdote.

Rocin Flaco

El nombre en clave de la operación era Zeus. Mientras esperaba pacientemente su llegada, sentado en el último banco de la iglesia románica más recóndita de Castilla, me imaginaba como sería. Seguramente el típico cacique local que tantas veces me había echado a la cara.
Pensé que en cuanto se presentara le intimidaría con mis trucos habituales, él se ciscaría de miedo y podría estar en casa para la hora de cenar. Últimamente Adelita estaba un poco rara y quería darle la sorpresa.
Pero esta vez todo había de ser diferente.
De repente la vieja y pesada puerta de madera se abrió, y dejó entrever a un hombre menudo, de avanzada edad y con gesto serio. Curioso nombre Zeus, pensé, para tratarse de un humilde sacerdote.

Control Extremo

El nombre en clave de la operación era Zeus. Todo estaba preparado para actuar en la televisión pública. Desde el gobierno ya se había dado la orden: “No puede quedar ningún programa sin control.” El equipo de especialistas estaba monitorizando los programas que se emitían. Ya no había duda, el control político a la libertad de expresión había comenzado. ¿Podrían al menos las redes sociales denunciar este asalto a nuestro derecho a la información? Llamé a mi amigo Jorge que era el responsable de la gestión de contenidos en dicha cadena de televisión. No pude localizarle, me decían que ya no trabajaba allí. ¿Cómo era posible? Si hablé con Jorge ayer. Llamé a su familia, pero desafortunadamente tampoco sabían nada. ¿Dónde se había metido Jorge? ¿Quizás estaba detenido en alguna comisaría? Nadie sabía nada de él. Horas más tarde recibí un mensaje de texto: Jorge está muerto, no sigas buscándole. La operación Zeus había comenzado.

Hija de Zeus

El nombre en clave de la operación era Zeus y a mí me pilló con los pantalones bajados. Lo malo que tiene ser un topo es que tus compañeros lo ignoran y les dan topo por liebre. Asaltaron el piso golpeándonos a ciegas. «Para no destaparte», señaló el inspector Murillo, mordisqueando un palillo sumido en oscuras meditaciones. Así es que nos pegaron un buen repaso a todos, incluída la que sería la testigo protegida. Escupí un diente y rencor porque, al igual que tras el operativo Apolo, acabaría en el dentista. Al menos este no era amigo de mitologías, como el inspector. Pero a lo que iba, que la operación de infausto nombre me pilló en una habitación con la testigo y los pantalones bajados. Literalmente bajados. ¿Mera entrega al trabajo? Sinceramente, fue más que eso. Por seguridad callo el nombre de ella, pero sí les diré el que a punto estuvimos de poner a nuestra hija: Afrodita.

SECUESTRO

El nombre en clave de la operación era Zeus, sin tiempo a que pudiese reaccionar le pinchó en el cuello, desplomándose a tierra. Abrió el capó de su Mustang y, cogiendo el cuerpo por los hombros, lo depositó en su interior. Con una cuerda lo ató de pies y manos.
Antes de ponerse en marcha apartó el vehículo del inspector al interior del bosque y le prendió fuego. Era noche cerrada, las llamas llamarían la atención, debía marcharse rápidamente de allí. Se sentó al volante y puso rumbo a la ciudad.
Cuando comenzó a vislumbrar las primeras luces, al salir de una curva se topo con el centelleo parpadeante de un control policial, habitual en una noche de sábado, aminoró la velocidad mientras pensaba que hacer. Entonces en la radio comenzó a sonar la banda sonora de “La muerte tenía un precio”…

GRUPO DE ELITE

El nombre en clave de la operación era Zeus. Fue una decisión tomada en grupo. Formado, por lo más florido y magnifico de la zona. Juanito, la araña. Lucy, la fantasma. Y yo, Jaime, el cerebro. Cada uno, sabíamos nuestra misión, lo teníamos estudiado al milímetro.
Avanzamos con decisión, por el jardín de mi casa. Aprovechamos que nuestros padres, estaban a sus cosas, tan aburridas como siempre.
Nuestra actividad de hoy era peligrosa, inquietante, emocionante. Pillar a Zeus, en un momento de tranquilidad, voltearle y secuestrarle. Pediríamos un rescate, a través de redes sociales. Todo estaba planificado, nuestra corta edad, no nos iba a parar.
Iniciamos la misión. Nos acercamos con sigilo. La noche caía sobre la tarde. Le teníamos a tiro. Pero….
–Niños, ¡a dormir!
Otra vez, teníamos que abortar la operación. Pero no cesaríamos en nuestro empeño. Perrito lindo. ¡Serás nuestro!

Un mal día

El nombre en clave de la operación era Zeus. Sánchez completamente sudado se abrió algo la camisa a punto de estallar en el botón que marcaba la barriga. La barba de cuatro días le recordaba el tiempo que llevaba durmiendo fuera de casa … – Todo al garete, se dijo, recordando su divorcio. Se preguntó si primero habría que casarse o bastaba con ser policía para que un matrimonio se fuera al carajo…
– Primero, policía – se contestó en voz alta.
– ¿Otra vez hablando sólo Sánchez?
En ese preciso momento el objetivo abría el maletero de su Audi 7. Todo se le presentó con la claridad de una nítida imagen. Salió del coche y mientras tanteaba la funda de su arma se abalanzó contra el hombre que sacaba una ametralladora. Zeus, con frialdad, alcanzó a disparar las tres balas que impactaron en su cuerpo.
El terrorista cayó abatido por el compañero del inspector Sánchez.

Míticos

El nombre en clave de la operación era Zeus. El comisario y su ayudante revisaron las pistas, investigaron a fondo y encontraron al asesino. Pero jamás supieron quién les había encargado la misión. Ni porqué comenzó esa tormenta después de una mañana tan soleada.

Vida negra

“El nombre en clave de la operación era Zeus” pensaba en su cabeza sin dejar de chocar el lápiz contra el cuaderno, que estaba lleno de borrones, tachones, y frases todas por terminar.
Ansiaba poder escribir su novela y tenía todas las ideas en su mente, la trama, los personajes, el lugar, quería que fuera de género negro, sobre un rapto, de ahí el comienzo de su novela, en alusión a la historia mitológica, pero cuando llegaba la hora de plasmar todo en el papel, siempre ocurría lo mismo, salía a relucir las 10 horas de trabajo, el parque con los niños, problemas rutinarios, y el cansancio se hacía con el control, y no podía escribir, y se sentía frustrado por no poder dedicarse a su vida soñada, entonces se dejaba vencer, se lavaba los dientes, e iba a la cama.
Pero justo antes de dormir, pensaba sonriendo, mi género de escritura es blanco, y mi vida negra.

Lorquiana

El nombre en clave de la operación era Zeus, así lo testificó el agente Cohen en la hoja de homicidios que estuvo rellenando minutos antes. 2 muertos; un hombre blanco, de mediana edad, estatura baja; una mujer blanca, de edad joven y estatura ba…, cuando se le cayó el bolígrafo al suelo en la clínica ensangrentada de la que salió un gato blanco y negro subido al hombro tatuado con un toro de su dueño.

MUERTE INCONCLUSA

El nombre en clave del operación era Zeus, escuché a mi abuelo decir esas palabras, mientras me encontraba agazapado en un rinconcito de su habitación.
Hoy revisando lo poco que quedaba, antes de vender la casa, encontré, debajo de una madera floja del piso, un rollito. Era como un folleto donde estaba escrito: Zeus. El corazón me saltó a la boca.
Mi abuelo murió envenenado, mi abuela fue atropellada a la salida de su casa. Nunca conocí a mis padres, todos esos hechos se reunieron de golpe en mi cabeza. Yo era muy pequeño y no podía advertir las conexiones, pero ahora todo era muy claro, se resumía en esa palabra.
Me temblaban las manos, abrí y comencé a leer, en ese momento quise arrancarme las entrañas, yo era Zeus, Era tan sólo un experimento aberrante¡ Las últimas palabras eran:
" hay que eliminarlo, pero no puedo". Me miré al espejo y decidí cumplir con mi destino.

Cebo

El nombre en clave de la operación era "Zeus", muy apropiado para un secuestrador de chicas jóvenes. Las seducía y las convencía para marcharse de casa de sus padres, después de quitarles todo el dinero posible para poder "empezar una vida juntos en otro país"; así, como en las pelis de sobremesa.
Cuando me propusieron actuar como cebo para atraparle, no lo dudé. "Zeus" picó el anzuelo desde el principio, sin dudar de mi papel de universitaria harta de que sus padres la controlen.
—Ya he comprado los billetes, cariño.
Me abraza y siento un escalofrío. Aquí estamos, en el aeropuerto. Sé que ahora pondrá cualquier excusa y me dejará tirada, como hizo con las demás. Debería alegrarme: mis compañeros están a punto de detenerle y por fin habrá acabado todo. Sin embargo, lo único que puedo pensar es que ojalá hubiera comprado los billetes de verdad.

Por todo lo alto

El nombre en clave de la operación era Zeus. Pero no era necesario ascender al monte Olimpo para llegar al éxito, tan sólo bastaba con subir los tres pisos del destartalado edificio donde se ubicaba la pensión Europa, tapadera de una red de trata de esclavas sexuales de diversos países del Este, según la información que nos habían facilitado los servicios de inteligencia. Cuando echamos la puerta abajo no vimos el dantesco panorama que esperábamos, más bien al contrario: suites lujosas, chicas bien cuidadas, clientes con evidente poder adquisitivo. Quedaba claro que el jefe sabía de qué iba el tema y que tenía sus referencias culturales: nada de dioses menores, esta operación merecía llamarse Zeus, el más grande.

Z66

El nombre en clave de la operación era Zeus. Para cualquier agente de élite aquella situación era pura rutina. Pero Z66 era un manojo de nervios. Estaba a escasos instantes de penetrar junto a sus compañeros en el enorme caserón. Era la primera vez que actuaba en un asunto de tanto calado. Después de muchos años preparándose, por fin había llegado la hora de demostrar su valía.
El nombre en clave resumía a la perfección el caso. La desaparición de la científica más mediática había conmocionado a los ciudadanos. Lo que no sabían estos, era la implicación de las más altas esferas en el posible secuestro. Como Zeus raptó a Europa.
La voz de mando dio la señal y se abalanzaron sobre su objetivo. Todos menos uno. Z66 quedó inmóvil, atrapado en su propio ser, atenazado por una fuerza incomprensible. Una terrorífica sensación recorrió su cuerpo. Solo pudo mover su mano derecha para descerrajarse un disparo en la boca.

Madrid desconocido

-“El nombre clave era Zeus”. Eso confeso el terrorista ¿no?
-Así es Facundo-dijo el ministro dirigiéndose a su chofer. Eso me dice el Mi5
-Y también he oído que hay que buscar una bomba en una estatua del Rapto de Europa en el centro de Madrid antes de que estalle -Facundo era policía en segunda actividad y madrileño de Lavapiés.
-Joder Facundo .Está en Barajas…
-Pero no es Madrid – El único rapto ordenado por Zeus y convertido en estatua en Madrid -fue el de Ganimedes por un águila conocido como el Ave Fénix presidiendo el edificio de Gran vía 32.
-No jodas Facundo. Ahora mismo voy…
-Pero….
-¡Cojones Facundo! Pero ¿qué?
-Que ahora en Gran Vía hay una alegoría de la “Libertad” y el rapto de Ganimedes se trasladó a un jardín en Castellana 33.
-¡No jodas! Ahora mismo…
-Pero……
-Pero ¿qué?
-Que igual los terroristas no lo saben….

EL YIN Y EL YANG

El nombre en clave de la operación era Zeus. Yo era tan solo un imberbe recién salido de la academia de Baeza, sin experiencia en un operativo como el que había montado el Teniente Costa para sacar a las chicas del club Florida. Me había tocado estar entre quienes entrábamos en el primer envite. Dos gorilas en la puerta principal franqueaban el paso. Parecían nedeardentales a los que les faltaba la cachiporra y les sobraba cabeza. Oímos la señal en el dispositivo del coche camuflado. Era el momento de salir y darle caña al mono. A todos esos malditos hijos de perra que vampirizan a las chicas venidas del otro lado de la riqueza. Nos dirigimos a la puerta discretamente, sin levantar sospechas. Apartamos a los gorilas enseñando la placa, con un manotazo. Entramos Villegas y yo voceando, pistola en mano. ¡¡Quieto todo el mundo. Esto es un atraco!!

Rosa Rosae

El nombre en clave de la operación era Zeus. Eran cuatro ya los hermosos e inquietantes cadáveres de adolescentes, previamente raptadas, encontrados en las últimas semanas al pie de estatuas de dioses griegos, en diferentes puntos de Madrid.
Se acercaba el examen parcial de Diana y en casa resultaba imposible estudiar. En la biblioteca, entre Sócrates y Platón, encontró una nota, rubricada con una rosa roja. Tres días después ocupaba los titulares del periódico que leía Don Hilario aquella mañana. Con una sonrisa nostálgica, cerró su maletín de cuero marrón y se dirigió en metro a uno de los institutos en los que trabajaba esa semana. Cada vez escasean más los profesores de griego y latín. Y las buenas alumnas.

El soplo

El nombre en clave de la operación era Zeus. Mis hombres llevaban más de dos años persiguiendo a un asesino a sueldo sin conseguir ningún avance. No dejaba huellas. Actuaba como si fuera invisible. Encima, en las ocasiones en las que dieron con alguien que podía aportar pruebas, lo encontraron muerto.
Era evidente que había un topo en comisaría… Pronto descubrieron que se trataba de Sánchez, que apareció estrangulado en su piso la misma tarde en la que Rodríguez halló pruebas que lo incriminaban.
Una noche, al regresar a casa, me pareció que mi mujer estaba ida, distante. Mientras me duchaba, intentó matarme, pero yo me adelanté. Pensé que se había vuelto loca. No sospeché que guardara relación con el caso, pero cuando dos de mis hombres llamaron a la puerta, supe que era demasiado tarde para escapar.

Lápiz de cartón

El nombre en clave de la operación era Zeus. Recordé las instrucciones que había en ese correo. Di un paso. No sabía porque había decidido ayudarle, aunque tampoco había nada que me lo impidiese. Unos murmullos quebraron el aire cuando entré en el sótano, pero eso solo logró encenderme la sangre.
Sonreí cínicamente. Di otro paso. Sentí el peso del cuchillo en mi mano derecha. Los dedos rodeaban el mango con fuerza. Noté el latido de mi corazón en cada dedo. No me gustaba hacer los trabajos sucios. Respiré profundo. Miré aquellos ojos castaños, suplicantes, y la mordaza de su boca.
El olor a putrefacción llenó mis pulmones. Otro paso más. Cada vez estaba más cerca de él. La lámpara que colgaba del techo era lo único que nos iluminaba. Levanté el cuchillo y vi la hoja brillar bajo la luz amarillenta. El golpe seco de una puerta al cerrarse me paralizó. Había regresado antes de lo que esperaba.

Ángel

El nombre en clave de la operación era Zeus. Leí esa palabra en la pantalla del móvil antes de que la oscuridad la engullera. Me senté en la silla de madera que había al lado de la ventana y observé el cielo rojizo. Un escalofrío erizó mi piel al recordar cómo me había convertido en ese títere.
Me encontraba en una habitación pequeña del peor hostal de la ciudad. Un armario enorme y vacío yacía en una esquina y los muelles puntiagudos se clavaban en el colchón. Me miré en el espejo, podía sentir la calidez que desprendían aquellos ojos inexpresivos al mirarme. Mi piel pálida contrastaba con la ropa negra que vestía y una barba desaliñada decoraba mi barbilla.
Una muchacha de cabellos oscuros abrió la puerta y entró. Cogió el móvil de la cama y leyó el mensaje: Zeus; pronunció. La observé. Sonreí orgulloso. Me había convertido en su protector desde el día de mi muerte.

Prometeo

El nombre en clave de la operación era Zeus. Padre de los dioses y los hombres, rey del Olimpo, dios del cielo y el trueno. ¿Cómo diablos sabía todo aquello? La respuesta era sencilla: pasarme horas metido dentro del coche en misión de vigilancia con el compañero más raro de toda la comisaria. En otras circunstancias hubiera tenido el cenicero lleno de colillas y los pies rodeados de botes de refresco y envoltorios de hamburguesa. Ese día me tuve que conformar con mirar ansioso el paquete de cigarrillos sobre la guantera y rebañar unas verduras crudas en un pastoso paté de garbanzos. ¿Y la cafeína? Ni por asomo, o se vería alterado nuestro sistema nervioso. Después de hablarme de las deidades griegas me ilustró con los filósofos clásicos, pero al fin quiso la suerte que apareciera el sospechoso y salimos a detenerlo. Tengo que confesar que era clavadito a Perseo.

Esta Canción es para usted, Madame

El nombre en clave de la operación era Zeus. Secuestrarla y eliminarla, fue lo último que dijo el hombre de gris. Reí al recordarlo acercándome a la ventana. Allí se reflejaban sus caros zapatos de la marca Europa, solos y vacíos en el suelo, sin vida.
Su cuerpo desnudo reposaba en la cama. En el exterior comenzaba a nevar. Me estremecí. Sabía que pronto una mano fría y blanca borraría mi huella. Las de la nieve también.
Ella se levantó y me abrazó. Vi su rostro en el cristal helado. Le devolví la sonrisa.
– Tienes que irte ya- le dije sin volverme. Sólo deseaba su reflejo, como en un sueño.
– Gracias -susurró.
Se vistió lentamente. Abrió la puerta permaneciendo allí unos segundos. Ella sabía que yo estaba sentenciado a muerte. La oí bajar la escalera, sollozando. Unos tacones con vida.
– Esta canción es para usted, madame. Dansez-vous -pensé mientras acariciaba la culata de mi pistola.

Insolidaridad y mezquindad en la vieja Europa

El nombre en clave de la operación era Zeus. Los nueve mandatarios más importantes de la vieja Europa se reunieron en Florencia para determinar las medidas a adoptar. Tomó la palabra el mandatario alemán.
-En realidad se trata de una misión de espionaje altamente peligrosa. Es necesario apoderarse de toda la información que tiene la NASA sobre el satélite Europa. No podemos permitir que nos adelante en la conquista futura de este valioso satélite. Tenemos indicios suficientes para pensar que podría ser apto para la vida. Posee unas reservas cuantiosas de agua congelada en su interior. Estoy seguro, que rusos y chinos está trabajando en el mismo proyecto. Si el agua del planeta escasea, la sed mundial será incontrolable. Nuestras reservas serán asaltadas.
-¿Qué propones? –dijo el primer ministro inglés.
-Recortaremos las ayudas al tercer mundo y no permitiremos más emigrantes. Los recortes los invertiremos en el proyecto Europa.
El resto de los mandatarios asintieron.

SALTO A LA NADA

El nombre clave de la operación era Zeus. Un gran número de efectivos se había desplazado al monte donde se le había localizado junto con sus secuaces. El fugitivo más buscado de todos los tiempos por fin estaba cercado en su guarida preferida, una cueva donde planeaba todos sus golpes. Un juego entre el ratón y el gato que se había prolongado durante casi 14 años, dejando a su paso un reguero de cadáveres y vidas destrozadas. Los pocos secuaces que habíamos conseguido capturar, y que habían sobrevivido a su venganza, le apodaban “Sin alma”, por la crueldad que destilaba a los que ajusticiaba, a los que despedía con un desgarrador “jaque mate”.

Olimpo Oscuro

—El nombre en clave de la operación era Zeus —las palabras brotan agotadas y se desvanecen, sepultadas bajo el zumbido del generador. Más allá, en las tinieblas, Carnero comprueba que el micro ha grabado la voz del prisionero y espera nuevas órdenes rodeada del material de interrogatorio.
<Que siga hablando.>
Un simple giro del dial que reposa a su lado envía una serie de descargas a la silla, y contempla al prisionero retorcerse por duplicado en las cámaras que están retransmitiendo todo a los clientes.
—Nuestros objetivos eran las eurodiputadas conservadoras —la confesión escapa, envuelta en espuma, por los dientes apretados—. Amenazarlas y realizar ataques con parafernalia radical islámica. Nos dijeron que querían a todos los periódicos pidiendo sangre. Intervenciones militares. Renovar contratos armamentísticos. Cerrar fronteras.
<¿Y lo de Leda?>
La voz distorsionada de Carnero repite la pregunta. Rozando el dial con los dedos, aunque confía en que será innecesario. Los mercenarios confiesan, porque no creen en causas. Como ella.

Rapto

El nombre en clave de la operación era Zeus, pero entre nosotros la llamamos “Rapto”. No hay nada más triste que el turista postmoderno persiguiendo museos. Un vistazo y directos al negocio de "Souvenirs", a las otras obligaciones del visitante perfecto. Nos conmueven su desconocimiento, sus paseos desfilando, su mirada de cordero ante los cuadros, su infalibilidad en las taquillas. Nos estremecen con una compasión divina.
Por eso, para que disfruten, los encerramos en los museos para siempre.

"Flower District"

El nombre en clave de la operación era Zeus, pero ni el mismísimo padre de los dioses y hombres podía evitar en ese momento que la vejiga del inspector Deivid estuviera a punto de reventar.
Le habían asignado la vigilancia de un loft de la calle 27, donde se sospechaba que estaba operando la camorra, tema de drogas. Su compañero roncaba en el asiento trasero y tenía un mal despertar, así que decidió aguantar la necesidad imperiosa de mear, a soportar el agrio carácter de aquel.
Dirigió el objetivo de su cámara a los bajos del edificio, al tiempo que miró su reloj, ya daban las tres de la madrugada, cuando percibió movimiento. Cuatro individuos salían de un soportal cargando dos grandes bultos, dirigiéndose a la parte trasera de una furgoneta negra que permanecía aparcada allí hacía varias horas.
Aquello no tenía pinta de que fueran fardos con sustancias estupefacientes, más bien parecían bolsas para contener cadáveres…

El sueño de Morfeo

El nombre en clave de la operación era Zeus. Podría haberse llamado espaghetti o fetuccini, pero no, la adorable hija del jefe, estudiante de clásicas, tuvo la brillante idea. Los narcotraficantes introducían la coca en el país a través de la pasta. Tras meses de investigación, habíamos interceptado la entrega de un importante alijo que se haría en la inauguración de un nuevo restaurante italiano. Nos vestimos con nuestras mejores galas y acudimos al lugar. Todo parecía normal, nada sospechoso. Una copa de champán, dos y un leve bostezo. Cuando despertamos el local estaba vacío y nosotros tumbados en el gélido suelo.

La última película

El nombre en clave de la operación era Zeus, y la hora acordada sería a las 7:00 en el Cine Olympus de Nueva York.
Cuatro espectadores repartidos en butacas aledañas a la joven, que hoy venía acompañada de otra chica, ejecutarían la operación. Mala suerte para aquella cabecita rubia que no paraba de moverse en su butaca comiendo palomitas.
Se apagaron las luces y los cuatro individuos se abalanzaron contra las chicas. Un disparo en la sien acabó con la rubia, mientras la otra era amordazada y arrastrada hacia una portezuela practicada junto a la pantalla. Sólo quedó un rastro débil de sus tacones en la moqueta, como si un toro gigantesco hubiese empitonado el suelo.
En la segunda fila, reposaba un cadáver con una pistola en la mano, rodeado de una lluvia de palomitas.
Al día siguiente se leía en la prensa: Abogada europea desaparece, mientras su compañera se suicida en un cine.

El vuelo eterno

El nombre en clave de la operación era Zeus. Hora acordada: 7:00 PM en el Cine Olympus de Nueva York.
Cuatro espectadores repartidos en butacas aledañas a la joven europea, que hoy venía acompañada de otra chica, ejecutarían la operación. Mala suerte para aquella cabecita rubia que no paraba de moverse en su butaca comiendo palomitas.
Se apagaron las luces y los cuatro individuos se abalanzaron sobre las chicas. Un disparo en la sien acabó con la rubia, mientras la otra era amordazada y arrastrada hacia una portezuela practicada junto a la pantalla. Sólo quedó un rastro débil de sus tacones en la moqueta, como si un toro gigantesco hubiese empitonado el suelo.
En la segunda fila, reposaba un cadáver con una pistola en la mano; la lluvia de palomitas había volado, como el mensajero Hermes, en todas direcciones.
Demasiados asientos vacíos para un vuelo low cost.

El fin del relato

El nombre en clave de la operación era Zeus, aunque eso poco importaba ya. Desde la azotea, con unas vistas privilegiadas del amanecer madrileño, al menos podría recordar el nombre de la operación que le hizo caer en desgracia, triste consuelo. Ya no había vuelta atrás, un solo paso y todo acabaría.
El despuntar del día se teñía de luto, el alba coincidía con su ocaso. Una tormenta se acercaba por el horizonte y amenazaba con asolar la ciudad. Un rayo lejano le provocó una media sonrisa; el destino lanza guiños cuando menos lo esperas. Se tomó la señal como un espaldarazo, una confirmación de que hacía lo correcto. Había muchas vidas en juego, la suya era prescindible.
Tras superar las últimas vacilaciones dio el paso y se precipitó al vacío. No paraba de sonreír. Él se iba pero los demás permanecerían. Era un precio que estaba dispuesto a pagar.

La casa de Beethoven

El nombre en clave de la operación era Zeus y, que ironía, el "crono" jugaba en nuestra contra. En breve, la amenaza terrorista se haría patente y nadie parecía hacerme caso. Yo, como agente más joven de la unidad, tenía la corazonada de que si habían elegido ese nombre y la ciudad de Bonn solo podía significar una cosa.
Hice una última comprobación, aunque me temía que mis sospechas de que Beethoven naciera el 16 de diciembre eran ciertas y sería un día negro para el viejo continente. El lugar elegido por la banda que extorsiona no detonando bombas a cambio de mucho dinero era la casa del compositor del himno europeo.
Nadie hacía caso a mi conjetura probada y corrí al punto con mi pistola reglamentaria. Efectué diez disparos antes de huir. Una hora después, la calle acordonada y los policías que investigan esas detonaciones, sin saberlo, han abortado el atentado al corazón de nuestra convivencia común.

El arrojo del redimido

El nombre en clave de la operación era Zeus y aunque Frank Wilder no creía en las casualidades, no pudo evitar sonreírse. Siempre resulta irónico que un dios infiel juzgue los pecados de un putero en el pequeño purgatorio de un maloliente callejón trasero. “¿Llego demasiado tarde para un perdón?”.
Apoyado contra la puerta del tugurio, respiró hondo intentando serenarse, contempló el revolver que le había regalado Daisy y lo amartilló con un chasquido atronador “Tengo una mujer que no me la merezco”.
— ¿Sabes, cariño? Soy un corrupto y un vicioso, pero a veces tengo mis momentos. —Dijo, sin apartar la mirada del gatillo. —Haré que vuelvas a estar orgullosa de mí. —Sentenció, justo antes de apartarse de la puerta, abrirla de una patada e irrumpir en la guarida con el arrojo del redimido.
Ante sus ojos, la pobre Europa chillaba aterrorizada, bajo los cascos inmisericordes de un inmenso toro blanco. Bastaría un solo disparo.

Cambio de planes

El nombre en clave de la operación era Zeus. El trabajo del inspector consistía en infiltrarse en aquella banda. Parecía una empresa fácil, pues ya la había llevado a cabo con éxito en otras organizaciones. Sin embargo, no contaba con que el capo también fuese un apasionado de la mitología y hubiese emprendido otra acción paralela a la suya con el fin de mantenerle vigilado. El plan tenía el título de Europa y el mafioso debía pedir trabajo en la comisaría que lo investigaba. Ambos hombres se adaptaron rápido a sus nuevos papeles, sin levantar sospechas. El capo es ahora el jefe del Cuerpo Nacional de Policía mientras el inspector lo es de los mafiosos. Ninguno de los dos quiere abandonar su puesto y han llegado a conocerse tan bien que no son capaces de destruir sus falsas identidades.

Limpiando el suelo

El nombre en clave de la operación era Zeus. Debería haber sido un trabajo fácil. Entrar, coger el paquete y salir. Sin guardias de seguridad, ni alarmas ni nada. El Zorro se reiría de él cuando se enterase de su soberana metedura de pata. Sería la comidilla de todo el gremio de ladrones.
Después de tantos años trabajando el golpe perfecto. Se había olvidado de la señora de la limpieza.

El rayo de Zeus

El nombre en clave de la operación era Zeus. Un bifronte de escaso lustre. A otros, los cachorros recién salidos de la academia que chupaban aceras día sí, día también, les podría deslumbrar; yo ya tenía a mis espaldas más detenciones que polvos echados.
Aunque quizá eso no fuera un mérito, sino todo lo contrario.
En la calle Suez, la luz de un solitario y espasmódico farol rasgaba en carmesí los portales meados, las persianas abolladas. Un lugar que esnifaba sordidez y escupía realidad. En estupefacientes la rebautizamos como calle Soez.
La madrugaba alcanzaba su cénit cuando entramos. En la barra, dos prostitutas de piernas infinitas peinaban su hastío sobre la barra. Murieron nuestros pasos en el almacén. Estaban etiquetadas como botellas de ron. Ocho cajas. Positivo en la prueba de Scott. Ioan, el dueño —cetrino, enjuto, mirada incendiada— permanecía inmóvil, tendido, el rostro aplastado contra el suelo. Mi rodilla lo fulminaba como un rayo.
El rayo de Zeus.

Silencio y disciplina

El nombre en clave de la operación era Zeus y eso la cabreaba tanto. No podía cambiar la mitología, pero en la banda el líder era ella. Nadie tenía tantos huevos y, de hecho, había sido un cobarde, el Gato, quien los había traicionado a todos. Siempre la llamaba feminazi. Ese tipo haría cualquier cosa para destruirla, incluso caer con ella.
Frente a su gente, hombres y mujeres mezclados, miraba cada cara y cada par de ojos a la luz anaranjada de las farolas del polígono. Ellos esperaban con miedo escondido su decisión. Un leve movimiento de su cabeza y su lugarteniente se puso en tensión mientras le devolvía el gesto. El Gato quieto mientras una montaña humana se le acercaba. Quieto hasta el final, en silencio absoluto mientras el preferido de la jefa le disparaba en la cabeza. Tras el disparo, silencio de nuevo. Silencio y disciplina.

P-3CO

«El nombre en clave de la operación era Zeus». Me encanta este género al que llaman negro. Me apresuraré para acabar la novela antes de que me descubran; no me entenderían. Cómo explicarles que soy una anomalía. En este subterráneo encontré restos del saber de los antiguos guardado en cristales nanoestructurados 5D. He descubierto la cultura del territorio al que llamaban Europa, tan gris y devastado ahora. He leído a Cervantes, a Shakespeare, he escuchado a Mozart, a Beethoven, a Mahler, he visto cuadros de Van Gogh, Chagall, Sorolla, donde se refleja un mundo rebosante de color en el que me gustaría perderme. En uno de los cristales, que trata de Mitología —aún no sé bien de qué va—, dice que un toro la raptó. Quizás a eso se deba su actual desolación. Todo lo que recuerda a los antiguos pobladores, a los hombres, ha sido destruido o censurado. Sin embargo, yo cada vez me siento más humano.

Sabor amargo

El nombre en clave de la operación era Zeus aunque poco tenía que ver con los dioses del Olimpo aquella redada en la sede del partido político de turno. ¿Objetivo? Lo de siempre. Un sinfín de papeles y cuatro o cinco discos duros que en breve pasarían a chupar polvo en el sótano de algún juzgado demasiado saturado como para llevar a cabo una investigación ordinaria. Cosa de poco y, sin embargo, no había podido pegar ojo en toda la noche. Y es que de pronto sentía como una parte de mi vida se tambaleaba ¿Y si estaba en un error? ¿Y si todos aquellos años había metido en la urna la papeleta equivocada? Debían de ser las cinco cuando por fin me levanté y me acerque hasta el baño a vomitar, lo que me dejó en la boca un cierto regusto amargo. Aquel, pensé, debía ser el sabor de la democracia.

EL SECUESTRO DE LA RAZON

El nombre en clave de la operación era Zeus. No por nada en especial, no había en ello una coartada mitológica ni el más mínimo atisbo del uso de un intelecto extinto hace años de sus cabezas. En realidad respondía a la brutalidad y aires de grandeza del proponente, el más grande y fuerte de todos ellos, Dimitrios, un griego que en realidad era de Valladolid y cuyo nombre verdadero era Demetrio Gutiérrez. Ciento treinta kilogramos de peso y dos metros de altura lo transformaban en Dimitrios, Nerón o María Jesús si así lo deseaba.
El objetivo era sencillo. Ganar. El premio. El poder. Las víctimas. Sus vecinos. Sus cómplices, los dos únicos concejales de su partido, “Pueblo Unido”. Su lema era pegadizo y previsible «… , jamás será vencido». El medio era tan antiguo como eficaz. Un robusto garrote de madera de cedro, mellado y oscuro por su uso, con una sola palabra grabada a fuego en su dorso. «Razón».

Paralelismos y vocales

El nombre en clave de la operación era Zeus. Zeus porque, al igual que este era el padre de todos los dioses del Olimpo, él era el cabecilla de toda la banda. Zeus porque se trataba de una palabra de cuatro letras, dos de ellas vocales. Y, como él siempre insistía en repetir, dándoselas de sabio: “sin vocales no existiría el lenguaje”.
Todas esas absurdas manías suyas y sus rollos sobre paralelismos y vocales hicieron que la operación no saliese tal y como esperábamos en un principio. No había un “plan B”, claro. Nunca puede haberlo si el idiota de tu jefe considera que la B no es tan válida como la A. Por la A empieza “amor”, que escrito al revés da “Roma”. Un palíndromo perfecto, señalaba él, todo arrogante.
Ana también lo es, decía, por eso hay que matarla. Pero no fue culpa nuestra que su hermana también se llamase así. Fue una simple confusión. Un “paralelismo”.

Águilas carroñeras

El nombre clave de la operación era Zeus. Esa palabra de cuatro letras, retumbaba en mi cerebro, como un martillo todopoderoso y feroz sobre una pieza incandescente de acero. Los recuerdos se apelotonaban de manera abrupta, viajando a la velocidad de luz, por diferentes áreas cerebrales ,llegando a la corteza cerebral, y transformándose en imágenes turbias y negras, que no quería volver a recordar. Zeus, es el titulo de una historia de sangre y venganza, de dos hombres, Billy "El Rayo", y Lucas "El Aguila". Dos hombres que jamás tuvieron ningún pudor en corromper el alma humana. Note sobre mi cuello un dolor sordo, y una mano con fuerza presionaba ambas carótidas, y antes de vislumbrar la oscuridad, percibí un olor característico, esencia de roble.

La venganza de Z

El nombre en clave de la operación era Zeus. El Datsun negro charol apareció rayado con saña. De un lado a otro, el artista dejô la imprimación amarilla anticorrosión .Sobre el capó un corazón de enfurecidos caballos salvajes rezaba:
MIA O DE NADIE. Dolores estaba desconcertada. Su última novia era ahora amiga .Colocó microcámara en el ojo derecho del perro de la parte de atrás del coche. Nuevas imagenes: niño de siete años llorando tras discutir con su novia, blande punzón y firma una gran Z. El perito caligráfico de Policía, bautizó la operación con la deidad. En la exploración, Pablito refirió queria imitar a personaje de Disney pero dejando una impronta como las de Bansky… Se hizo viral en su colegio. Durante un mes no hubo problemas de aparcamiento a la salida escolar. Semillas de violencia de género esperan su momento, tras un cómic de castigo.

Sequía

" El nombre en clave de la operación era Zeus". Todos teníamos claro cuando debíamos entrar. No pensé nunca que Zeus nos iba a traiccionar.
Dos semanas antes.
Tenemos que tener claro que si fallamos en esta operación, moriremos. "Élla" es nuestro futuro y no podemos permitir que no regrese. Cual es nuestro objetivo, entrar, recuperarla y salir. Todo lo demas no es importante, si uno cae, muere. No hay mas.
Quien es ella?
Esa informaccion es confidencial
Esta relacionado con las bombas de los 100 acuedctos de Europa?
Apolo, le he dicho que es confidencial !!
Por lo tanto asi es. Solo me hace falta un par de piezas mas y ya tengo vuestro confidencial perfectamente encajado.
Apolo, ese nunca nos ha importado. Zeus nos ha dado las coordenadas y creo que deberiamos empezar a pensar en un plan para que no caiga ninguno de nosotros.
Claro que me importa, nos importa a todos. Cuantos dias hace que no vemos ningún rio, fuente o grifo con agua. Me importa porque nuestra reserva es para 5 dias. Quien es Ella? Porqué la conoces tú Hades?
Ella es Europa, Apolo. Ella es Europa, mi mujer, mi vida. Y la única que tiene el poder de cambiar nuestro futuro.

Menos humos

El nombre en clave de la operación era Zeus. Manda huevos!! pensó el oficial Méndez, no habría otra manera de llamar al trabajo de seguimiento y captura de un traficante de hachís de poca monta. Mucho dios para tan poco asunto.
Pero el oficial Méndez estaba equivocado, Cuando detuvieron al traficante y empezaron a tirar del hilo de su declaración no sólo encontraron a Zeus, también a la mitad de su Olimpo, colocada hasta las cejas, intentando esconder fajos de billetes de quinientos euros hasta debajo de la plantación de rosales ingleses del jardín.

Europa

El nombre en clave de la operación era Zeus. En el dossier, que el investigador había estudiado durante semanas, diversos rastros financieros, de la compra de un banco en Brasil, una radio Belga, subvenciones a la ultra-derecha en Austria, a la ultra-izquierda en Portugal, aparecían entre otros muchos bajo el paraguas de la operación. Pasaba por esa fase familiar en que se sentía próximo a resolver el rompecabezas, y a la vez completamente perdido. Decidió que lo mejor era remover un poco el avispero, y envió un globo sonda en forma de relato a aquel concurso. No supo que Zeus era dueño de la editorial que lo organizaba, hasta que encontró aquella hoja del dossier, pérdida bajo su escritorio, donde venía la compra. Pudo huir justo a tiempo, en cuanto se dio cuenta de que su pseudónimo no protegía su anonimato. Desde entonces Zeus lo persigue por medio mundo. El nombre en clave del investigador es Europa.

Zeus

El nombre en clave de la operación era Zeus. Le había costado mucho hacerse a la idea. Al fin y al cabo, no todos los días descubre uno que tiene que matar a su padre.
Llevaba la pistola en el bolso. A ella los escoltas nunca la pasaban por el detector de metales. Era la hija del Ministro, por favor. Ni siquiera tuvo que cambiar de bolso: en el Gucci le cabía perfectamente.
Entró y cerró la puerta tras ella. Ni siquiera había levantado la mirada del portátil cuando ella se acercó a darle un beso y le disparó en la nuca. Con el silenciador nadie lo habría escuchado.
Dejó sobre la mesa los papeles que demostraban que él había matado a su abuelo y a su madre. Antes de gritar, se pegó un tiro en la cabeza. Atenea se llamaba.

Impecable

El nombre en clave de la operación era Zeus y Sánchez era el hombre adecuado, el dios del riesgo, el único capaz de enfrentarse al Supremo jefe de la organización. Su currículum estaba plagado de éxitos. Había desmantelado redes de narcotraficantes, mafias rusas, apuestas ilegales a gran escala. Triunfó donde todos fracasaban. Ahora llegaba el turno de la organización más corrupta de la historia.
Entró en el despacho con paso firme. La mirada tensa; el mentón elevado; el cabello, ondulado, cuidadosamente dispuesto; impecable el traje azul de raya diplomática. Su voz, grave, acarició los oídos de la Supervisora al saludar. Era su hombre, seguro, decidido, firme.
Escuchó sin pestañear los detalles de la operación. Nadie le daría cobertura en caso de que fuera descubierto. Asintió asumiendo el riesgo. Al escuchar el nombre de la operación Sánchez se derrumbó. Zeus, su fiel amigo de la infancia.

Jaque

El nombre en clave de la operación era Zeus. Todos nos quedamos perplejos ante aquel título mientras Jaime se separaba de la mesa con una sonrisa maliciosa. Un descolorido mapa de Europa se presentó ante nuestros ojos. Era parecido al que veíamos en las noticias pero diferente, como si se hubieran puesto juntas una foto de niño y otra de anciano de la misma persona. Líneas impresas y hechas mano serpenteaban cosiendo el continente, haciéndolo parecer una monstruo sacado de un cuento de miedo.
Empiezas tú — me señaló Jaime.
Vale… pásame los dados.
Procura no cagarla ésta vez — me advirtió Pedro con seriedad, imitando una voz profunda — No dejes que esos muertos de hambre pasen por nuestro lado. Necesitamos un seis y pondremos la infantería en la frontera sur.
Si hago eso dejaremos vendidos el resto de los flancos — indiqué, Jaime y su primo pequeño me sonrieron.
Tú tira los dados y ya veremos quién deja vendido a quién.

Éramos unos estúpidos

El nombre en clave de la operación era Zeus. Los relámpagos retumbaban en el interior del vehículo blindado. No tardé en escuchar al sargento gritar la arenga que se había puesto de moda desde el minuto cero.
¡No me toques los cojones!
¡O te meto un rayo por el culo!
Todos respondieron exaltados. Todos excepto yo. El temblor en las manos iba en aumento mientras huía de cualquier contacto visual con mis compañeros. Estábamos allí solos, varados en un mar de alambres de espinas y encerrados en aquel leviatán de metal. Los aullidos se cortaron cuando el vehículo comenzó a vibrar. Cientos, miles de pasos se dirigían a nosotros a través del camino que habíamos despejado. Ya llegaban.
Abrimos las puertas con locura asesina, sin nada que perder más que la cordura. Delante de esa masa informe de rostros había un hombre negro, vestido con harapos y unas gafas unidas con celo.
Hemos venido a rescataros.
Comencé a llorar.

Una promesa

El nombre en clave de la operación era Zeus. Por el rayo. Debía ser rápida, invisible, entrar y salir antes de que les diera tiempo a sumar dos más dos. Si no, podía darse por muerta.
Cuando llegó al punto marcado, se encontró con una sorpresa desagradable. La superficie de acceso a la mercancía se había vuelto prácticamente infranqueable. Debían de estar esperándola. Solo quedaba un lugar donde perforar, el más peligroso.
Pero no pensaba rendirse.
– ¡Ay! ¡Joder, me ha picado en la cara!
Una montaña de carne se cernió sobre ella. ¡La habían descubierto! Desplegó sus alas y esquivó la embestida, sin darse cuenta de que la segunda torre se aproximaba a ella desde el ángulo opuesto. ¡No! Intento virar el rumbo pero ya era tarde, y la violenta sacudida la alcanzó de todos modos.
Antes de que la oscuridad la engullera, prometió, – Sufrirás, humano. En lo único que pensarás al rascarte será en mí…

Las manias de Zabala

El nombre en clave de la operación era Zeus lo que podía sonar pretencioso, pero a esas alturas ya nadie se atrevía a discutir las decisiones de Zabala. De hecho podía haberla llamado tranquilamente “Mi pequeño poni” que no se hubiese oído ni un solo murmullo en toda la sala. A esas alturas a nadie le cabía duda de que aquel hombre de rostro amable y formas amaneradas nos tenía a todos en el bolsillo. Sobre todo desde el infausto día en que mandó a urgencias al pobre Anglada. Desde entonces todo el mundo callaba. Y sin embargo nadie entendía aún porque el viejo doctor se empeñaba una y otra vez en ponerle nombre a cada operación de vesícula que le tocaba.

Afrodita jubilada

El nombre en clave de la operación era Zeus y el objetivo la liberación de una multimillonaria sesentona desaparecida durante un crucero por las islas griegas con el que la ricachona festejaba su cumpleaños en compañía de una docena de amigos tan excéntricos como ella.
En la escala de Santorini la millonaria desapareció sin dejar rastro. Los interrogatorios policiales a amigos y tripulación no arrojaron luz alguna sobre el suceso y transcurridos seis meses el caso se archivó como “no resuelto”; no había pistas, ni testigos, cosa extraña en una isla, en época vacacional y llena de turistas.
Pero el inspector Leonidas Katsaros nunca abandono el caso; convencido de la desaparición voluntaria de la mujer, siguió investigando por su cuenta.
Su dedicación tuvo premio: él solo encontró a la millonaria caduca y su gigoló treintañero en una diminuta aldea de la costa turca donde arribaron en la barca del amigote del gigoló que les había ayudado en la fuga.

Poco profesional

El nombre en clave de la operación era Zeus, la promiscuidad del sujeto ameritaba tal mote. Después de meses tras él decidimos que ese era su punto débil. Pusimos a una encubierta a rondarlo con la idea de meterle ruido y ponerle cola. En el equipo contábamos con su costumbre de pensar con la polla. Con lo que no contábamos era con la estupidez de ella ni con mi propia promiscuidad.
Habíamos pasado semanas siendo testigos, voyeristas digitales, del trabajo de nuestra agente, para deleite morboso y poco profesional de mis colegas y para tortura mía, lo cual tampoco habla bien de mi profesionalismo. Sin embargo todo parecía ir bien, hasta que en pleno acto ella gimió mi nombre. Pobre. Zeus ni siquiera dejó de penetrarla cuando le voló la cabeza mientras nosotros nos limitamos a escucharlo por los micrófonos.

Sadismo

El nombre en clave de la operación era Zeus, le susurró al oído. Llevaban años viéndose a escondidas, cada dos meses, y siempre acababan igual. Tras una agotadora sesión de sadismo, donde ella recibía toda su furia lujuriosa, él le contaba detalles de sus misiones. Estaba limpia, lo había comprobado, por eso se permitía el lujo de explicarle ciertas cosas. Esta vez no esperó a terminar su maratón sádico de placer. En un descanso, tras casi toda la noche alcanzando el clímax en anoxia, le susurró al oído el nombre en clave de su próxima misión. Ella le preguntó, jadeando por la intensidad del momento, de qué se trataba. No contestó, la volvió a sujetar y continuaron sus prácticas, y cuando vio que ella, con la cabeza cubierta por una bolsa plástico, estaba a punto de llegar a otro orgasmo, le susurró: «matar una espía» No aflojó la bolsa.

La banda de los valientes

El nombre en clave de la operación era Zeus —Roberto me tironea nervioso, pero yo no le hago caso y sigo—: Entonces, con sigilo, rodeamos la cueva donde se esconden Toro y sus esbirros. ¡Alto ahí! —gritamos—, entrando en tropel. ¿Pero dónde está el Griego? ¡se ha esfumado! La banda aprovecha nuestro desconcierto para abalanzarse sobre nosotros. ¡Es la señal!, ¡tendremos que luchar para recuperar el Rayo Salvador!
¡Para, Luis!
¿Qué?
¡Tengo que ir al baño!
Anda, cagón, ¿pero no querías que te contara el cuento?
Sí…pero, ¿acaba bien?
Depende…¿vas con los buenos o con los malos?
¡Con los buenos!
Pues entonces…no sé.
Luis…me he hecho pis.
Bueno, ahora te cambias.
¿Y el cuento?
¡Pensé que te daba miedo!
Entra África con su sonrisa perenne y no hace caso del olor.
¡Se acabó la visita! —dice, trasteando con el goteo.
Dejo el cuento sobre la mesilla, le doy un beso a Roberto y abandono Paliativos.

Folios en blanco

El nombre en clave de la operación era Zeus. Copió la idea a los americanos, con sus huracanes Irma y Wendy y Harvey. Pero los dioses y los reyes le parecieron más pomposos, y tras comenzar con la «a» de Atila había llegado finalmente al rey del Olimpo.
Con letra mayúscula escribió la zeta; después la e, la u y la ese. Esto le ocupó toda la mañana, entre los imperativos «alza los pies que estoy pasando el aspirador», y «vete a la calle y no vuelvas hasta las dos» de su mujer.
Metió el folio en una carpeta, dijo hasta luego y se fue a clase. Se había inscrito en un curso de relato para mayores de sesenta. ¡Cuántas veces había imaginado a su comisario metido en embrollos! «La importancia de un buen título», había insistido la señorita el primer día, y ya tenía 27 capítulos por empezar.

Gloria a las Musas

El nombre en clave de la operación era Zeus. Por todos los dioses, qué nombre tan absurdo. Mil veces prefería que se abrieran los cielos y me tragaran para hacerme dormir el sueño de los justos, en lugar de enfrentarme a toda una tragedia griega. Pero a la semana de comenzar la investigación me vi tragado por un dossier infinito de documentación. Aquello era de todo menos poesía.
Un esfuerzo épico debería hacer yo para poder desentrañar todo aquel galimatías. Pero como me sabía triunfante, cerraría el caso y enterraría el cuerno de la abundante corrupción bajo siete llaves. Por la gloria de las Musas, hijas de Zeus, y por la de mi madre,
O eso, o que me partiera un mal rayo.

La última fiesta

El nombre en clave de la operación era Zeus.
E igual de simple y simbólico era el único objetivo: eliminar (no decía neutralizar, ni detener. Decía "eliminar". Y eso en la "oficina" significaba asesinar) a Lorenzo Lázaro, el caudillo del impero del contrabando y tráfico de drogas "Patria". El dedo índice que ordenaba quién tenía que morir, quién debía matar, quién podía reír y quién iba a llorar.
La última vez que lo vio fue aquella noche de fiesta en Ciudad de Panamá, en 1990, cuando él acababa de regresar del servicio militar e, ingresado en la academia de Policía, se reunió con los viejos amigos de su calle natal.
Después pensaría que Lorenzo sabía que se despedían cuando, pasadas las cinco de la madrugada, se abrazaron bebidos con la fraternidad de toda una vida y escuchó cerca de su oído: "Mucha suerte, Lucas, nos veremos para la última fiesta".
Dos días después, el domingo después de mediodía a la salida de la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, L.L (esas futuras iniciales del terror) y dos compadres acribillaron a quemarropa a su padre, ajustando cuentas de un negocio fraudulento fallido.

MÉDICO

El nombre en clave de la operación era Zeus. De donde puede ver todos las sangres que hechos de que no salir todo bien.
De cuyos miedo de no saber operaciones a por temor de ser médico.

Era Zeus, no Pachamama

-El nombre en clave de la operación era Zeus, era Zeus-, repetía sin descanso su conciencia. El jab al tórax del guardián y la magistral liberación de Europa, en una barca improvisada y a un solo remo por motor, no habían sido suficientes para borrar del recuerdo aquellas dos remisas del fondo del pasillo, también de blanco, que no estaban en los planes ni en los mapas. Europa se había resistido a salir ella sola, en contra de cualquier pronóstico, y su voz se fragmentaba llamando por Suramérica y África, que terminaron por perderse en el Atlántico. El nombre clave de la operación era Zeus, era Zeus, no Pachamama.

El plan perfecto

El nombre en clave de la operación era Zeus. Tras las máscaras todos sudábamos dentro de la furgoneta Kamper. Miramos el reloj y en segundos todo comenzó. Entramos corriendo en el establecimiento y apuntamos con nuestras armas a la pareja que había detrás del mostrador. Ninguno parpadeó, ni chilló, ni nada. ¡Solo sonreían y nos daban la bienvenida! Alex les gritó que nos dieran la clave de la caja y se pusieran de rodillas. La mujer nos entregó un papel con dígitos y, amablemente nos indicó la entrada. Todo iba perfecto. Ana lo cogió y se acercó a la puerta de madera tallada con un teclado digital. Mientras ella y Alex abrían el portón, Fer vigilaba a los relajados dependientes. Entonces, yo levanté la vista y vi unas letras: άδης. ¿Por qué no fui a las clases de griego, joder? Clic. Nuestra última visión fue un resplandor y una voz que nos invitaba a entrar en las llamas.

La caída

El nombre en clave de la operación era Zeus. Descubrimos también las identidades de todos sus líderes (la mayoría de ellos mafiosos y banqueros), su localización exacta, y su objetivo final, ambicioso y estrafalario: la destrucción completa de Europa. Lógicamente tuvimos que detenerlos antes de que fuera tarde, habrían podido descubrir que Europa ya lleva mucho tiempo destruida.

La caida

El nombre en clave de la operación era Zeus. Descubrimos también las identidades de todos sus líderes (la mayoría de ellos mafiosos y banqueros), su localización exacta, y su objetivo final, ambicioso y estrafalario: la destrucción completa de Europa. Lógicamente tuvimos que detenerlos antes de que fuera tarde, habrían podido descubrir que Europa ya lleva mucho tiempo destruida.

Responsabilidad criminal

El nombre en clave de la operación era Zeus; el objetivo, acabar con el Rey. Marcel Roig sabía que no cumpliría su misión y viviría para contarlo. Además, la Historia le recordaría como la figura que inició el levantamiento y precipitó la salida de la Unión entre disturbios y cientos de muertes. La duda, siempre ausente en el pasado, ahora no lo abandonaba. Y aun así, las órdenes eran claras: Zeus debía caer.
Había resuelto evitar todo aquello y descartar una puesta en escena fulminante. Su decisión le costaría tiempo y podría ocasionarle problemas con la organización, poco acostumbrada a la espera, pero estaba seguro de que aquella era la manera. Nadie sabría nunca qué había pasado.
Dio un paso al frente y llamó a la puerta. Un hombre alto y con traje se presentó enseguida en el umbral.
—El nuevo cocinero, supongo. Pase, por favor. Le pondré al corriente de los gustos de su majestad.

El águila en la sombra

El nombre en clave de la operación era Zeus, en cuanto vi el cadáver en esa especie de trono inmenso lo tuve claro. Resultaba imponente, aún sin vida transmitía todo el poder que había tenido. Allí estaba, sentado majestuosamente, con un cetro en su mano derecha, incluso me pareció ver la sombra de su águila durante unos segundos.
Le llamaban el Padre, pocos conocían su verdadero nombre. Gobernaba a todo el clan como un padre de familia, incluso los que no eran de su sangre se dirigían a él como si lo fuese.
¿Quién podría haberle hecho algo así? Enseguida empezaron a pasar por mi mente innumerables nombres… sí, me temo que la lista iba a ser inmensa. El Padre era muy querido por quien decidía serle fiel y sacar tajada de sus dudosos negocios, pero también muchos enemigos, algunos que nunca hubiese imaginado.

La tormenta

El nombre en clave de la operación era Zeus.Tenía que recoger a la mujer extranjera en la puerta del hotel y llevarla al Aeropuerto. Allí me esperaría mi jefe para entregársela a los chicos de Bruselas. Nada podía fallar. Esa misma mañana, una agencia americana había enviado un comunicado, los rusos estaban al tanto y conocían el plan. Cambiamos la ruta por si acaso. De repente comenzó a llover, cogí el coche y me fui al hotel para llegar a la hora prevista. Bajo una cortina de agua vi a una mujer que esperaba.
– ¿Europa?, le dije bajando un poco la ventanilla.
-Sí, contestó ella sonriéndome.
Se subió al coche sin más dilación, pise el acelerador y me dirigí a la autopista. Cuando llevábamos recorridos varios kilómetros, la mujer sin perder la sonrisa preguntó en perfecto castellano:
-¿Eres de UBER, verdad?
Supe entonces que la había cagado.

El orate

El nombre en clave de la operación era Zeus. El mensaje se desvaneció y comenzó los preparativos. Tenía que ser muy cuidadoso, ellos estaban ahí todo el tiempo. Hablaban quedo, confabulaban contra él. Se hacía el tonto, pero conocía muy bien sus intenciones, aunque esta vez no lo conseguirían. Zeus era su misión más importante, aunque no la entendía, pero era todo un veterano, de aquellos que no preguntan nada y sólo obedecen. Acabó de preparar su equipo y lo revisó dos veces, como de costumbre. La hora de recogida estaba próxima, y cargó con la pesada maleta en la mano y la mochila en su espalda. Avanzó con sigilo, atento a cualquier ruido sospechoso, el enemigo acechaba.
No llegó muy lejos, los dos celadores le vieron aparecer con su colchón a cuestas, sosteniendo una botella de orinar. Enseguida le contuvieron, con sujeciones resistentes. La luz se difuminó, los sonidos se apagaron: la inyección había sido eficaz.

Estudio sobre Monterroso

El nombre en clave de la operación era Zeus. La situación era sencilla. En mi baño, había aparecido aquello… aquel… "animal".
Cuello ancho, escamas, lengua rugosa… ¡Ah, espantoso!
Sólo tenía que dejarlo al lado de la ventana en una jaula. Nada más, al despertarme… ya no estaría. Eso es. No estaría.
Pero me la habéis jugado.
Sí, lo habéis hecho, y de un modo… terrible… porque…
Cuando desperté…
el dinosaurio…
todavía estaba allí..
He comprobado el teléfono de la protectora de animales a la que llamé con el cuento del lagarto… No está por ninguna parte… ya me había parecido extraño que una organización de este tipo le pusiera un nombre tan pretencioso a una operación de “rescate” de un animalejo. ¡Maldita sea, me parece extraño que venir a buscar un animal a mi casa sea una… “Operación”!
Sigue mirándome, sus ojos brillantes, sus dientes afilados como rayos
… Zeus… Zeus.

Todos tenemos un precio

El nombre en clave de la operación era Zeus y estaba toda descargada en su pendrive. La espía miró a su amante dormido desde el fondo de la habitación y sintió una punzada en el pecho, todo se desvaneció al apretar con fuerza su premio entre las manos, ese dispositivo valía diez millones de euros, lo que le había prometido el CNI por hacerse con los planes de los independentistas catalanes, pronto estaría muy lejos de allí, disfrutaría de un paraíso tropical y otro amante en su cama. Cerró la puerta y se marchó de la casa sin un ápice de arrepentimiento.

AL OTRO LADO

El nombre en clave de la operación era Zeus. De alguna manera supe que llamar así al operativo había sido obra del teniente Hinojosa. Le gustaba leer libros sobre dioses y mitologías. Cuando quedábamos para tomar alguna cerveza, siempre nos contaba alguna de esas historias. A Hinojosa todas aquellas lecturas le servían para ser el tipo de persona que era, un cabronazo de gran corazón. Solía decir que el mundo no era mucho mejor ahora que en el pasado. Que sólo habían cambiado las armas con las que hacer frente a las mismas barbaries. Aquella tarde deduje que la caja de los truenos iba a desatarse. El ambiente estaba muy caldeado y los de arriba apretaban como nudos corredizos a toda la plana mayor de la unidad antiterrorista. No querían que aquello se fuera al carajo como la última vez y terminase con los sesos esparcidos de tres de los nuestros por la explosión de una granada.

Descubierto

El nombre en clave de la operación era Zeus. Por eso, poco después de que se supiera descubierto y de que lo único que acertara a decir fuese “¡Rayos!”, el cañón de su revólver, movido por sus estruendosas carcajadas, hubo de golpearle los dientes hasta que estas, de golpe, cesaron.

Descendiente del Olimpo

El nombre en clave de la operación era Zeus, se repitió mientras sonreía. Tenía su gracia, ser los salvadores de la vieja Europa, a costa del asesinato del primer ministro griego, un descendiente de los dioses del Olimpo. Grecia había conseguido abrir las puertas a los refugiados, a las ayudas sociales, a la antigua solidaridad. Todos los sátrapas europeos comenzaron a temblar, su viejo imperio se desmoronaba, la gente estaba harta de políticas ineficaces, enriquecedoras de los ricos. El G7 había contactado de manera muy sutil con el nuevo presidente americano. Este, hinchado de orgullo salvador, había ofrecido su particular ayuda, a precio de oro, para evitar aquella supuesta catástrofe. El G7 aceptó y Zeus dio sus primeros pasos. Un mes más tarde, un turco moría acribillado tras asesinar al primer ministro griego.

No tomarás el nombre de Dios en vano

El nombre en clave de la operación era Zeus. Cortó la comunicación y comenzó los preparativos. Una vez más, los nervios previos a la acción le traicionaron. Mientras revisaba su armamento, la pistola se le escurrió y cayó sobre la mesita del salón, con tal mala suerte que saltó el seguro y se disparó. La bala de 9 mm atravesó su ojo derecho, alojándose en el cerebro. Se sostuvo un segundo en pie, sin llegar a entender nada. Ya no tendría tiempo ninguno, la bala había desconectado sus sinapsis nerviosas, su vida. Su cuerpo sin vida, en el suelo, ya era cosa del pasado.
Desde el Olimpo, Zeus miraba la escena distraídamente. No le interesaba especialmente la víctima, ni su entorno, ni nada de nada. Sólo quería dar un escarmiento. Debían recordar que no se puede usar su nombre en vano.

"Martes negro"

El nombre en clave de la operación era Zeus, pocos lo sabían, y la información le llegaba con cuentagotas y cifrada, para evitar cualquier tipo de filtración.
Su iPhone vibró, era un mensaje encriptado de su contacto: – Edificio de la ONU, mañana a las 10:00 horas. –
Dónde y cuándo, eran los datos que llevaba una semana esperando. El quién ya lo sabía.
Jack, francotirador experimentado, mercenario al servicio del mejor postor, esa vez recibió el encargo del gobierno, a cambio, una suma considerable, como para pensar en una posterior retirada del mercado de trabajo, aunque ridícula, si la comparaba con lo que una vez perpetrado el magnicidio, se desencadenaría a nivel mundial, en una economía global y elitista que manejaba los hilos del poder político en la era de la información.

El Olimpo

El nombre en clave de la operación era Zeus. Sentados en torno a una gran mesa ovalada, los promotores del plan celebran su éxito. En las tarjetas identificativas que llevan colgadas al cuello con cintas de colores se lee: Poseidón, Hermes, Hefesto, Hades… Puede que no sean sus verdaderos nombres, o puede que sí. Trafican con hombres, con mujeres, con niños, con drogas, con armas, con la discordia, con la fragmentación.
En un ataúd con tapa de cristal, colocado sobre el altar que preside la sala, yace el cadáver de una anciana. Un silencioso mayordomo distribuye copas de champán entre los invitados. El que se identifica como Tauro se pone en pie, alza la copa y exclama con voz ronca y rasposa: ¡Europa ha muerto! ¡Viva el caos!
Todos los demás se levantan y secundan el brindis con la vista fija en el catafalco.

Un trabajo impecable

El nombre en clave de la operación era Zeus. Llamarla Pepe's, como el antro, hubiera sido cagarla. El garito conservaba la decoración de cuando el genitivo sajón era lo último y tenía la misma clase: ninguna. Tras la barra Luciano —el dios conseguidor— regentaba aquel Olimpo de pervertidos con la máxima discreción. Ganarse su confianza le había llevado a Fuentes más de un año. Pero hoy, gracias a él, tendríamos la prueba definitiva para enchironar al dueño y a un buen puñado de habituales. Apostados fuera vimos salir a nuestro infiltrado con Luciano y un tipo trajeado. Se estrecharon las manos y cada cual tomó un camino. Fuentes se quedó mirándonos desde la puerta, nos saludó con la mano, sonrió, y volvió dentro. Enseguida un cartel adornaba el mugriento vidrio de la puerta. Con los prismáticos entendimos lo que acababa de pasar. Sobre un trozo de papel cuadriculado, Fuentes había escrito, con su inmaculada caligrafía: POR TRASPASO, NUEVA DIRECCIÓN.

EL VACÍO DEL ÁTOMO

El nombre en clave de la operación era Zeus.
Demasiado evidente -pensó el capitán Herráez- para rescatar el proyecto Europa.
Hacía ocho meses que en la cueva de Altamira se había desprendido, como una loseta, la pintura rupestre que representa la figura del toro.
Pero el descubrimiento vino después, cuando de forma desesperada intentaban restaurarla y disimular las restantes grietas que habían aparecido en la sala modo de puzle.
Los restauradores del monumento observaron que otras cuantas se habían desprendido y habían dejado al descubierto una pequeña apertura que daba a una cámara oculta. En el centro, rodeada de extraños símbolos, estaba el artefacto.
Tras sesudos estudios, llegaron a la conclusión que aquel mecanismo contenía la información del principio y del final de nuestra especie. La historia del mundo estaba en nuestras manos y lo llamaron proyecto Europa. Pero Europa había caído en malas manos.
El origen y el declive reverberaba, de nuevo, como un “de jabí” sin tiempo.

AMÉRICA Y PENÉLOPE

El nombre en clave de la operación era Zeus. América y Penélope no tuvieron ninguna duda al elegirlo. Al fin y al cabo, el trabajo versaba sobre la famosa pintura de Rubens expuesta en el Museo del Prado. Eso sí, necesitaban de Zeus una conclusión rápida, el tiempo se agotaba; y llegar a ella no era tan fácil. Los colores pastel muchas veces esconden oscuridad. Y lo obvio no tiene por qué ser lo verdadero. No quedaba claro si la muchacha se fue bajo su consentimiento o si engañó a la bestia para huir de su presente. Hay diversas opiniones sobre el origen y la causa, sobre el bien y el mal. Sobre si lo que ocurre por imposición es válido al ser por el bien común. Esto no iba a resolverse de un día para otro. Necesitarían colaboración. Bastante.

La redacción conjunta que las amigas entregaron a la profe de Historia dejó muchos interrogantes abiertos…

Venganza con mayúsculas

El nombre en clave de la operación era Zeus: un acrónimo sangriento. Ulises, el hijo del dios del hampa, lo planeó a instancias de su madre, excantante de cabaret arruinada y alcohólica, tras ser arrojada a la calle como un kleenex usado. El nombre lo puso Zaco, lugarteniente del capo mafioso, arribista y maniático de la mitología. Un adicto a la sangre, Enrico, y Sullivan, matón a sueldo, completaron el póker.
— ¿Alguna otra pregunta…? —dice el inspector dirigiéndose a la nube de periodistas.
— ¿Quién mató a los verdugos? —grita una voz al fondo.
— Por la posición de los cuerpos Enrico habría vaciado su cargador en el cuerpo del mafioso, pero este, antes de morir, le reventó el cerebro con la bala que falta en su Beretta. A Ulyses, tras disparar contra Zaco, su rival en la lucha por el trono, lo ejecutó Sullivan por la espalda, antes de llevarse de la caja el salario del traidor.

 

La escritura oculta

El nombre en clave de la operación era Zeus, una operación tan peligrosa como entrar en el olimpo siendo un simple humano, el atravesar la frontera rusa en tren me parecía lo más sensato para pasar desapercibido; cuando un hombre es acompañado de un niño autista es difícil no llamar la atención. Vladimir el niño que me acompaña a la mayoría de mis casos tiene una capacidad de memoria casi fotográfica, puede memorizar cada detalle con solo unos segundos de atención, pero su personalidad adusta no le permite formar lazos con muchas personas, somos pocos los que podemos interactuar con él, y precisamente él es quien me ayudara en el rescate de Europa, fue el primero en desencriptar el mensaje enviado por los secuestradores para dar con su paradero, “Donde la tierra duerme y la noche se ilumina, Europa permanecerá en ruina.”

Las Furias

El nombre en clave de la operación era Zeus. Desde primera hora de la mañana parecía que la ceguera y la anosmia se habían apoderado de todos los miembros de aquella comunidad. A pesar de no superar la centena, no eran capaz de reconocerse. Chillaban y se peleaban abatidos por exacerbadas convulsiones de ira que no tenían más que un aciago destino. Insultos, golpes sin dirección y lamentos borboteaban de sus bocas desencajadas, culpándose unos a otros sin importar parentesco o afinidad.
En la lejanía, dos sombras, que más parecían ser resultado de la enajenación que de la realidad, se estrechaban las manos de forma casi apasionada.
Enhorabuena, ha sido todo un éxito. Nada mejor que hacerles creer que están solos. Que los demás quieren lo que ellos tienen. Que los demás quieren borrar lo que ellos son.
Sí, jefe. La operación Zeus ha sido un éxito. Todo está listo para gobernar.

Zeus, el impasible

El nombre en clave de la operación era Zeus.
Al igual que él, las naciones que miraban para otro lado eran poderosas, lo divisaban todo desde arriba, e incluso podían lanzar rayos.
El solitario barco salió de puerto con pocas esperanzas. Un enfrentamiento: la más grandilocuente y mastodóntica agua, contra un par de chalecos naranjas que te hacían flotar en el agua, con suerte.
Al igual que el agua, las naciones se escurrían, levantando capas de humo y hollín, e incluso corriendo un tupido velo.
El nombre en clave de la operación era Zeus.

Jueves negro

El nombre en clave de la operación era Zeus, ocurrencia del Capitán que casi nadie de la comisaría entendía.
Nuestros concienzudos inspectores se afanaban en escudriñar todo lo requisado en la empresa de Forrester esa mañana cuando decidieron hacer un receso.
– Con el material que tenemos, creo que no vamos mal encaminados. – Comentó Mark, al tiempo que hacía una histriónica mueca al sorber el contenido de su taza. – Este café sabe a rayos. –
Jones abrió los ojos con dificultad, le zumbaban los oídos, intentó localizar desde su posición y con la vista un poco nublada a su compañero y al resto de agentes. Le costaba trabajo moverse, tumbada bocabajo estaba cubierta de cascotes y restos de mobiliario de oficina.
– ¡Jones, estás bien! – Le gritó Mark.
Creyó decirle que sí, pero no estaba muy segura de si habría articulado bien sus primeras palabras después de lo que suponía había sido la explosión de una bomba.

Recuerdos de oídas

El nombre en clave de la operación era Zeus, no se lo dije a Frank, realmente no necesitaba saber más según me lo había ordenado mi jefe. Lo único que Frank necesitaba saber era lo importante que significaba su presencia en nuestro pueblo.

Frank era periodista, según me contaba su madre era mexicana pero radica en Estados Unidos y su padre era de Madrid .Desde pequeño decía quería ser periodista para representar a su madre patria oprimida por la corrupción y el narcotráfico, cabrón, ni siquiera había vivido ni sentido lo que es el miedo, miedo de saber que ya mataron a uno nomas por ver lo que no debía y que si estabas donde no, el próximo eras tú.

A mí por eso me valía un carajo lo que dijera, de cualquier modo ya ni siquiera llegó a ver las tierras que tanto idolatraba, porque cuando supieron a que venía fue al primero que se chingaron.

Cuestión de honor

El nombre en clave de la operación era Zeus, ya sabe. Sobre el montecito, vigilando la carretera con su presencia poderosa, el toro de Osborne me recordaba las veces que, de jóvenes, nos llegábamos hasta aquí para mostrar la nuestra a la incauta de turno. El paisaje seguía sembrado de condones, pero esa vez la noche había dejado algo más: una de las chicas del Olympos Nightclub yacía bajo el cartel. De su vientre desnudo sobresalía absurdo un pararrayos, en cuya punta ondeaba furiosa una bandera de Europa. La identificación fue rápida: Soumya Dahmani, melillense, de dieciséis años. Había huido a Madrid con Saúl Puertas, picador de la cuadrilla de Raúl Gómez, el Griego, y había acabado en aquel burdel barato donde fue localizada por su padre dos noches antes del macabro hallazgo. En la madrugada de ayer detuvimos a su hermano Ibrahim, que se declaró orgulloso culpable. Caso resuelto, mi Sargento. Pero no hay dios que explique esto.

Lolo 2, al rescate

El nombre en clave de la operación era Zeus. Recordaba su niñez, cuando aún no había perdido la sonrisa y el día que la vio por primera vez. Resplandeciente, tan joven como él y con esa energía que la pubertad confiere. Con ella experimentó su primer beso, en un juego de niños y adultos, trasladando aquella mariposa de él a ella y de ella a él y de su boca a la suya. Un juego de inquietudes y risas. Una mariposa que, vista desde otra mirada, seguía siendo tan hermosa.
El falso escritor, así sería como le recordaría Europa cuando descubrió la verdad de su cautiverio. Él consiguió atrapar su humanidad entre las nubes. Ella forcejeó en un juego hostil de rivalidad y desprecio, trasladando el capullo de aquella mariposa de él a ella y que ella supo esquivar, volviéndolo contra él. Un quejido. Él inerte. La nube se disipó.

Lolo

El nombre en clave de la operación era Zeus. Había que cortejar a la doncella sin mostrar su verdadero rostro. Ella quedaría hechizada para no separarse jamás de su raptor. El objetivo parecía haber sido conseguido: arrebatar su alma para conseguir el pasaporte de entrada al centro neurálgico de operaciones, donde esperaban encontrar las armas de destrucción masiva. Allí no había nada. Solo desolación y restos de lo que fue la última riqueza, ahora arrebatada por ellos.

Ella, Europa, seguía atrapada. Su raptor había perdido el interés. La misión había fracasado y ya no necesitaba a la doncella. Tenía que deshacerse de ella sin levantar sospechas. Pero la torpeza se apoderó de él y ella despertó descubriendo su rostro enmascarado, y, abandonando el dolor que aquél engaño le había producido, resiliente y sin mirar atrás, decidió tomar el camino de regreso, con su alma resquebrajada, pero con una nueva armadura.

El derrocamiento de Zeus

El nombre en clave de la operación era Zeus: el Dios preferido de papá. No importa cómo eres, solía decir, sino lo que aparentas ser.
Las escuchas se habían filtrado; no quedaba tiempo. Anticorrupción había dado la orden de intervenir. A la puerta del Ministerio, la brigada esperaba mi confirmación.
La única foto en mi escritorio era de él. De papá, no de Zeus. Estaba mirándola cuando Julio entró al despacho.
—Jefe, Anticorrupción al teléfono —me dijo—. Preguntan por qué no hemos entrado. ¿Qué digo?
De niño estaba seguro de que eran el mismo. Zeus y papá. Densa barba cana, cuerpo de titán y una voz grave surgiendo del Hades para caer sobre mí como implacables truenos. Cada uno, desde su Olimpo, había gobernado a los suyos. Pero, a mi orden, a papá le esperaba el Tártaro.
—¿Jefe?
Operación Zeus. No escogí yo el nombre; vino de arriba. Esa irónica justicia poética que, en ocasiones, muestra la vida.
—Entramos.

Operación Ruina

El nombre en clave de la operación era Zeus aunque bien podíamos haberla llamado ruina. Pasaban cinco minutos de la hora prevista y Mateo continuaba encerrado en el baño sin poder salir, Elías había roto su pistola sin saber cómo y, para colmo de males, papá no dejaba de gritar desde la cocina que era la hora de cenar.

¿Quién sabe?

El nombre en clave de la operación era Zeus. Tratándose de Sherlock Holmes no podía llamarse de otra manera. La misión de rescate del más grande de los detectives nos arrastró por los antros más oscuros y lúgubres de la ciudad de Shangái. Tras su desaparición, Scotland Yard no lo dudó y nos envió a seguir su rastro. Acompañados del doctor Watson nos adentramos en el proceloso mundo de la droga fingiéndonos vulgares traficantes en busca de dinero fácil. La adicción al opio del ínclito investigador estuvo a punto de costarnos la vida. Casi no lo logramos. Recuperamos su cuerpo, pero su mente vaga difusa por universos oscuros. Puede que nunca vuelva en sí. ¿Quién sabe? Quizás el más grande de los detectives se ha cansado de convivir con nosotros, simples mortales, y ha decidido desafiar con su inteligencia a los dioses del Olimpo. ¿Quién sabe? Quizás por eso el nombre en clave de la operación era Zeus.

HERA

El nombre en clave de la operación era Zeus, el omnipresente y enamoradizo Zeus. La llamé así por mí nombre, Hera, y porque sonaba a zafio, zampatortas, zote…
Su forma de actuar había colmado mi paciencia, ya no soportaba sus crisis.
Miré en Facebook, le vi con su amor, en una foto que denotaba complicidad, cuando me había prometido una y mil veces amor eterno. Todavía lo seguía haciendo por whats app sin saber que yo tenía montada una operación secreta para descubrir sus mentiras.
Sufrí varias crisis de ansiedad y miles de noches de insomnio que aún, pasados los años, conservo. Miradas y palabras de reproche de amigos y familiares que no le creyeron. Tuve que desenamorarme día a día, noche a noche, de sus palabras rebuscadas y complacientes que entonces me hacían feliz. Recuperar la libertad y la humanidad perdida.
Nunca volví a verle, supongo que será muy feliz con el secuestro de su Europa de turno.

De Olvido

Seguramente nunca pensó que su vida cambiaría tanto tras el asesinato de sus padres. Mario se aisló y nunca se repuso de aquella pena tan grande, llego su divorcio y su despido. Vivía en la pobreza, dormía en la calle y estaba solo en el mundo. Lejos de sus amigos y de su entorno. La locura, su locura le ocupaba todo el tiempo, su tiempo lo pasaba escribiendo y contemplando. Su historia llego a un periodista quien se interesó por él, le pidió permiso para publicar un relato y en 6 meses esa novela se convirtió en el libro más comprado del país. Mario se hizo rico sin pretenderlo, poco a poco recuperó la cabeza y cada día se parecía más a lo que fue antes del crimen. Su objetivo a partir de ahora, luchar por recuperar a su hijo y descubrir quién y porqué habían asesinado a sus padres.

Ni dioses ni humanos

El nombre en clave de la operación era Zeus. Habíamos estudiado y analizado cada paso durante meses. Sin embargo, todo lo que podía salir mal, salió, y el éxito de la misión acabó dependiendo de lo que ocurriera en unas pocas horas; todo el trabajo y esfuerzo de un equipo en mis manos, o mejor dicho, en mis piernas en cuanto las abriera.

El objetivo me dirigió por un largo pasillo levemente iluminado por fluorescentes. Desde ambas paredes llegaban a mis oídos lamentos y quejidos de otras mujeres que, como yo, habían acabado presas en aquel sótano. Las inquietantes voces me transmitieron fuerza cuando más dudé de mi capacidad para enfrentarme a semejante monstruo y salir con vida de allí. El hombre me introdujo en una habitación y me tiró a la cama, desnuda. Pude ver cierto atisbo de temor en sus ojos cuando él descubrió que no había miedo ni debilidad en los míos.

Pandemia sobre el tercer mundo

Pandemia sobre el Tercer Mundo.

El nombre en clave de la operación era Zeus. En aquella mansión todos ocultaban sus rostros con máscaras haciendo alusión a alegorías de animales. El que parecía llevar la cabeza del ave Fénix dijo:

-Estamos aquí en cónclave para decidir qué hacer. La lucha de Europa por la hegemonía mundial la estamos perdiendo en todos los frentes. Y lo más preocupante es que nuestros valores innatos occidentales no los están sustrayendo.

-Gran maestro, cada quinientos años ocurre lo mismo. Y nos encontramos en ese momento histórico –dijo otro que llevaba cubierto su cara con una máscara de zorro.

-Y que es lo que propones –dijo el cabeza de ave Fénix.

-Una medida drástica a nivel mundial que no ponga en riesgo nuestros intereses y que además podamos controlar –respondió el cabeza de zorro.

Después de meditarlo, se pusieron de acuerdo.

El cetro recuperado de Miss Europa

El nombre en clave de la operación era Zeus. Era Julio del 78: un calor inusual. Los gendarmes pararon a José Y. en Bourdeaux. Su asombroso parecido con un violador en serie mexicano les llevó a sacar sus hierros y apuntar a su faz: nariz aguileña, bigote mariachi, Rodríguez de segundo apellido y al volante de un Manta color mostaza. El azteca inició saga-fuga tras 19 violaciones a mujeres de melena platino desde Pirineos hasta Aquisgrán. Dejaba sobre sus pechos un rabo disecado de zorro y una página arrancada de Pedro Páramo. Un testigo aseveró, que tras vejar a Libertad en un sembrado de Flandes, huyó en el deportivo con un rayo como el de Zeus sobre el maletero, una mirada águila, pero olvidándose el cetro de quién fue Miss Europa 1977. Si hubiese sido diciembre, José Y. podría haber solicitado un Habeas Corpus. Y, quizás, un crimen hubiera encontrado autor. Todo ha prescrito en el reino de Z.

Rayo y águila para el cetro de Miss Europa

El nombre en clave de la operación era Zeus. Era Julio del 74: hacía un calor inusual. Los gendarmes pararon a José Y. en Bourdeaux. Su asombroso parecido con un asesino en serie mexicano les llevó a sacar sus hierros y apuntar a su faz: nariz aguileña cuasi azteca, bigote mariachi, Rodríguez de segundo apellido, estatura y edad aproximadas… y al volante de un Manta A color yema de huevo… El criminal buscado inició una saga-fuga tras 19 violaciones de mujeres rubias a lo largo de la transeuropea. Como sello dejaba sobre sus pechos un rabo disecado de zorro y una página de Pedro Páramo. Un testigo aseveró que, tras vejar a Mireille en un sembrado de Flandes, huyó en un deportivo con un rayo como el de Zeus, con mirada águila, pero olvidando el cetro del dios junto a quien había sido Miss Europa en 1971. Todo ha prescrito. José Y. podría haber solicitado un Habeas Corpus si hubiera sido diciembre de 1978 y, quizás, un asesinato hubiese encontrado autor.

La piedra de Odin

El nombre en clave de la operación era Zeus, y era el motivo de mi viaje a Siberia, en el tren transiberiano conocí a un hombre perteneciente a San Petersburgo, me pareció una persona agradable a pesar de que la mayor parte del camino permaneció contemplativo y ensimismado. En la sala común el vaivén del reloj de péndulo amenizaba con su sonido monocolor haciéndonos olvidar el negruzco caer de la noche. Regresando al camarote contemplé una piedra aguamarina muy bella colgando de mi chaqueta, imaginando a quien podría pertenecer una pieza así quedé absorto, sacado repentinamente de mi ensoñación por el sonido de alguien en la puerta, alarmado, mi asombro fue tal que la piedra cayó de mis manos. Lo que sucedió después fue algo totalmente irreal, no podía creer quién había tocado a mi puerta.

El inspector

El nombre en clave de la operación era Zeus. El hipódromo estaba casi lleno. Me agaché con disimulo, como si fuera a atarme los cordones de los zapatos, para cerciorarme de que la pequeña Beretta seguía bien sujeta cerca del tobillo. A pesar de que estábamos en agosto, y sin una nube en el cielo, me había puesto la gabardina, el sombrero, más unas gafas de sol. Mi intención era camuflarme y pasar desapercibido, pero la gente me miraba mucho, yo diría que mal. De pronto la vi descender por las gradas, seguida por un par de fornidos matones, sigilosamente y vestida de rosa, con el diamante colgando del cuello. Enseguida empezó a sonar por los altavoces esa melodía de Mancini, ¡maldita sea su estampa!, que me persigue allá donde voy. Entonces me di cuenta de que, para variar, me habían descubierto; y antes de volver a cagarla, decidí mandar a Zeus a hacer puñetas y abortar la misión.

Un caso mitológico

—El nombre en clave de la operación era Zeus, y no podía resultar más apropiado. La raptó durante una fiesta de disfraces, él iba oculto en un traje de toro de color blanco y terminó violándola en el jardín, bajo las hojas de un plátano, junto a la fuente.
—Lo de la violación no está probado, el padre lo afirma, pero ella lo niega.
—Tienes razón, no hubo testigos. La última vez que alguien los vio fue en la piscina, nadando; por lo visto parecían muy acaramelados, ella iba montada sobre su espalda.
—Si llega a llamarse Europa, hubiéramos recreado a la perfección el pasaje de la mitología griega. Todos los datos encajan con aquella historia del rapto de Europa.
Los dos rieron la ocurrencia.
—Bueno, no estuvimos tan lejos, sus padres fueron a buscarlo más al sur, pero también le pusieron el nombre de un continente, África.

Revenge

El nombre en clave de la operación era Zeus, pero yo guardo la información en el ordenador en una carpeta llamada Júpiter.doc, más que nada para despistar. En el primer documento, se puede leer una breve descripción del hombre: mediana edad, cabello largo y ensortijado —de ahí su apodo—, tatuado en un setenta por ciento de su cuerpo, tercer grado, cumplidos doce años de la condena… El archivo dos la describe a ella: melena corta rubia, menuda, manicura francesa, enfermera, etc.
El tercer registro he pasado a denominarlo Atenea.doc. Cualquiera que lo abra puede descubrir un sumario de los acontecimientos: sobre una cama de la habitación 413 del hospital comarcal ha aparecido, con una burda y sangrienta autopsia practicada con un escalpelo mellado, el varón mencionado. Trato de conectar la presencia de la enfermera en cuestión con el caso, pero de momento, se ha acogido a su derecho a no declarar.

Moral

"El nombré clave de la operación era zeus" rezonaban en la cabeza de mauricio cómo la odiosa melodía de un despertador, su capitán le había indicado así la complejidad y porque el quedaba fuera de este caso, nunca seguía órdenes. Su cargó de sargento, mil veces degradado por esa arcaica ética de buen policía, que lo había llevado a desobedecer a sus superiores pensaba el mientras apretaba la cacha de su revólver a las sombras en ese restauran de Zaragoza, mientras degustaba su plato el jefe de el cartel zeus gonzales .algo de envidia estremeció el cuerpo de el sargento, pero no por lo material era por esa inconsciencia de ese maldito,mientras el se condenaba por cortar una flor.tarde se percato de la llegada de un hombre de traje barato, zeus se paro abrazo al desconocido amigablemente ,se dio cuenta era su capitán.

MISIÓN CUMPLIDA

El nombre en clave de la operación era Zeus.
Buscó en el baúl donde tenía todo para camuflarse. Nada le pareció adecuado. Un frasco de purpurina naranja rodó sobre sus pies.
¡Sí, esto es lo que necesito!, además, encontró el rayo de la misión anterior.
Se desvistió y comenzó a pintar su cuerpo con brillantina. Lo había leído y visto muchas veces. Sabía que podía. Y hoy era el día, Zeus, Dios de Dioses.
Vistió un diminuto pantalón deportivo y partió hacia la plaza, atestada de gente que clamaba justicia, pedía trabajo, quería cambios. Gritaban enfervorizados.
Se colocó en medio de la muchedumbre, como una estatua, como un Dios Griego. No se movía, ni pestañaba. Cuando los gritos se mezclaron sin orden en su cabeza, tomó el rayo y comenzó a disparar. La operación estaba en marcha.
De pronto, silencio, la lluvia lavó la purpurina que se mezcló con la sangre de cientos.
Zeus había triunfado. Sería noticia.

Microsiluetas celestiales

El nombre en clave de la operación era Zeus. No había duda de que el cielo mostraba las instrucciones de su dios. La primera forma nubosa era siempre la misma, y yo la imitaba a la perfección. Según la envergadura del casual desafortunado, empapaba con menor o mayor cantidad de cloroformo el paño que utilizaría para anestesiarlo. Esta vez, un ex jugador de baloncesto era mi acompañante y decidí utilizar dos botes enteros para asegurar la inmovilidad de un hombre que, en el caso de despertar, podía acabar conmigo en menos de cinco minutos. Intento hacer memoria y creo que es el amante más corpulento que he tenido, sin duda el más grande que he matado.
Veo algunas nubes.Me levanto de la cama de un salto.Las siluetas celestiales me están felicitando a través de graciosas formas y se despiden de mí.
Dicen que ya no las necesito. Misión cumplida.

Los Ocultos

El nombre en clave de la operación era Zeus.
Praga era la ciudad elegida para el cónclave y aparte de los siete Obispos, el único que lo sabía era él.También que si uno de los Ocultos faltaba a la cita, peligraba el futuro de la cristiandad. El que resucitaría no sería precisamente el que ellos deseaban. Terminó de disponer las copas a cada uno y luego, desde las sombras vió como el quinto Obispo caía fulminado…ahora era el tiempo. Su verdadero nombre no importaba, mientras todos veían caer el cuerpo, él se erguía como una sombra del mal. La verdadera sombra sobre el mundo.Ninguno opuso resistencia y entonces se dictó el manuscrito y su firma sangrienta salpicó a todos…Siete Iglesias. La operación estaba en marcha…el terror también.

La madrastra

El nombre en clave de la operación era Zeus. Te lo cuento ahora que archivaron el caso. No fue culpa mía que Antonio tuviera ya un breve pero jugoso historial con chicas "demasiado" jóvenes. De ahí a raptar a su propia hija y que la cosa se le fuera de las manos…hilaron. Aún así salió libre: pruebas circunstanciales. Pero claro, nuestro matrimonio se resintió. En medio año estaba fuera de casa, se le fue definitivamente la cabeza y acabó atrincherado tras aquel toro de Osborne, pegando tiros a los coches que pasaban, convencido de que algún desalmado te prostituía en cualquier antro del otro lado del estrecho. ¡Qué tonto era tu padre! Al final se voló los sesos. ¡Uy! ¡Creí que lo sabías! Yo ahora estoy más tranquila. Ya sabiendo que no nos buscan, podemos empezar una nueva vida. No, no, liberarte no. Tú aún estás de buen ver, te he conseguido plaza sin problema en el Afrodita's.

El secuestro

El nombre en clave de la operación era Zeus. Caminábamos en pequeños grupos dispersos. Me había dejado crecer una barba de varios días; en el tobillo, bajo los pantalones raídos comprados en un mercado de segunda mano, la pistola. Si nos confundían con refugiados, sería más fácil despistarlos.
Yannópulos nos había dado el chivatazo. Los menores estaban escondidos en alguna casa aislada cerca de la costa del Egeo. El edificio parecía abandonado, pero una ventana permanecía iluminada. Uno de mis hombres forzó la cerradura. Lo que contemplamos al entrar fueron los rostros atemorizados de ocho niños entre quince y cinco años, desnutridos, malolientes, aptos para el trabajo, la prostitución o la venta de órganos.
Después de proporcionarles algunos alimentos, nos dispusimos a esperar a los secuaces de Pacchieri. A los Barbaglio nadie les roba el material.

Cuestión de perspectiva

El nombre de la operación clave era Zeus.
Siempre me gustó la “Z”, tan al final, como esperando esa oportunidad que nunca acaba de llegar; o luciendo la sonrisa eterna de quien sabe algo que no saben los demás.
No me interesa la política; prefiero vivir bien. Por eso, cuando el número oculto, de quien se identificaría con el nombre clave de Zaida, invadió la línea reservada para quienes obedecen órdenes de políticos y empresarios, salí a la calle y contesté sin mayor preocupación.
Aquello era más grande que yo, según me explicaba ahora el ministro, también en “Z”, aunque yo solo podía pensar en “B”.
Todo muy limpio en plena escalada de tensión; una secuencia de acontecimientos aparentemente inconexos, la gente en las calles, un golpe de efecto; ahí entraba yo.
¿Estuve a la altura? El presidente entró a estrechar mi mano, y yo: “Ha considerado, tal vez, dejar de teñirse el pelo?“

Copias perfectas

Copias perfectas.
El nombre en clave de la operación era Zeus. Howard, ¿me puedes concretar la operación? Estamos hablando de sustraer el cuadro “El Rapto de Europa”. Alguna pregunta. ¿Cuál de ellos? Porque son varias las obras pictóricas que tratan el tema. Me estoy refiriendo al cuadro de Rembrandt. En la actualidad se exhibe en el Museo J. Paul Getty de Los Ángeles. ¿Y cómo lo haremos? Siguiendo el mismo plan de siempre. Sobornando a un trabajador del museo para poder acceder al lugar donde el cuadro está expuesto. Una vez dentro, le damos el cambiazo por una copia perfecta. Sacarlo del museo resultará fácil, sus medidas son: 62,2 centímetros de alto por 77 centímetros de ancho. Así recuperamos nuestro patrimonio y los americanos se quedan con sus valiosas copias.

Adiós Olimpo

El nombre de la operación era Zeus.
Fue lo último que escuché por la radio antes de perder la comunicación. Comprendí en ese instante que mi vida se resumía a tan solo un par de segundos. ¿Por qué blandían su ira contra mí? ¿Acaso mi brutalidad era peor que su violencia? No puedo detener la sangre cayendo de mis manos así como no pude detener la ira cuando maté a mi padre, librando una dura pelea con él, que terminó conmigo abriendo su vientre con el cuchillo que uso contra mí. Ellos creerán que se trataba de solo una pelea de borrachos pero había más: los malos tratos, la decepción en su mirada. Él me hizo esto.
Ahora soy un monstruo, una criatura horrenda que emergió de la cotidianidad para espantar por breves noches a los santos que juzgaban desde la comodidad de sus casas. Sonrío al darme cuenta del porqué soy Zeus, mientras ellos abren fuego.

A hurtadillas

El nombre en clave de la operación era Zeus.
Todo había sido planeado con cautela; la hora, el lugar, los materiales, hasta el nombre de la operación.
Y por supuesto, yo tenía que arriesgarme.
Estaba a punto de lograrlo cuando de pronto…
Escuché sus pasos sobre la escalera.
Corre me dije, mientras se acercaba cada vez más, pero el miedo me había paralizado.
Tenía que huir, ¿pero a dónde?
Corrí como loco pero ya era demasiado tarde; había visto mi rostro.
Aún así seguí corriendo mientras escuchaba con terror que gritaba mi nombre.
Estaba perdido, me había alcanzado y me tomo con una mano mientras con la otra sostenía su chancla.
¡¡¡¿Max, cuándo dejarás de robarte los dulces?!!!

Guerra de Dioses

El nombre en clave de la operación era Zeus. Nos vemos en el monte Olimpo, allí decidiremos que hacer con Cataluña. Padre, te advierto que los catalanes son: cultos, pacíficos y humanistas. Cuando les ahoguemos su economía entraran en razón. Ellos son los que han roto la baraja. No toleraré más desafíos. Si Hera no se opone, que se atengan a las consecuencias. Mi castigo será implacable. Padre, ahora nos somos tan fuertes, mira como está nuestra querida patria griega. Los bárbaros la han destrozado. Hijo, una vez que he recuperado mis tendones derrotaré a Tifón y, a sus dioses extranjeros. Lo confinaré bajo la montaña de mi amante pagana Montserrat. Devolveré a nuestro mundo culto la supremacía perdida. Apolo, tu debilidad es preocupante. ¿No estarás amancebado con la diosa celta Trebaruna? Si es así, ten cuidado es muy fértil. Apolo guardó un significativo silencio.